domingo, 10 de agosto de 2014

Vespasiano Gonzaga Colonna,  militar y virrey al servicio de Felipe II y también arquitecto, humanista y poeta, creador de Sabbioneta, la ciudad ideal de los renacentistas. Una vida de luces, sombras y leyenda negra.



Francisco Amillo


Queridos amigos de AGORABEN: permitidme que hoy deje a un lado la Mitología Clásica y haga una incursión en la historia del siglo XVI. Me gustaría comentar con vosotros la vida de un personaje que jugó un papel importante en la historia de nuestro país al servicio de Felipe II que le encomendó importantes tareas relacionadas con la defensa de sus reinos. 
Entre sus cargos destacaré el de virrey de Valencia ya que su actuación resulta imprescindible para entender la historia del Reino de Valencia. 
También resulta imprescindible para reconstruir la historia local de las villas y ciudades del litoral. En mi libro "Historia de Benidorm..." lo cito muchas veces porque también fue importante para nuestra ciudad. 
Por orden de Felipe II recorrió todo el litoral del Reino de Valencia inspeccionando sus fortificaciones. Finalizada la visita en septiembre de 1575, redactó un informe para el rey sobre el estado de sus castillos y torres. Los ataques del corso musulmán estaban en pleno auge y era urgente organizar la defensa de dicho Reino, uno de los más castigados de la Monarquía Hispánica. 
Sobre Benidorm Vespasiano Gonzaga indicaba que estaba despoblado y medio en ruinas. Acompañaba el informe con un dibujo realizado por el ingeniero Juan Bautista Antonelli. No se trata de un plano sino más bien de un croquis, "una traça" lo denominaba Vespasiano, de la bahía de Benidorm, Canfali y el terreno circundante hasta el Puig Campana. Tiene el mérito de ser la más antigua representación de Benidorm que hasta ahora conocemos.
También redactó un informe sobre cómo construir una torre en la isla de Benidorm, que era un escondite habitual de los corsarios musulmanes antes de atacar la Marina Baja.



Anthonis Mor Van Dashorst (castellanizado Antonio Moro): Vespasiano Gonzaga con sus armas, 1558-1559. Óleo sobre tabla,  Museo Cívico de Como. Moro era un pintor flamenco que trabajó para Carlos V y Felipe II. Su estilo enlaza  el colorismo de Tiziano con la minuciosidad de la pintura flamenca. En los retratos destaca la captación psicológica del retratado. Fue el creador de la escuela española de retratistas de corte que cuenta entre sus miembros a Sánchez Coello, Pantoja de la Cruz y Velázquez.


Se ha escrito mucho sobre su vida pública y por tanto tiene un razonable grado de divulgación. El conocimiento de su vida privada, en cambio, queda reducido al ámbito de los historiadores. Por eso me he animado a redactar estas líneas. Creo que encontraréis una personalidad interesante, con importantes luces y sombras y una buena dosis de leyenda negra que nos permitirá reflexionar sobre la condición humana.




Infancia y juventud entre la nobleza italiana, nido de intrigas y conspiraciones.

Vespasiano Gonzaga Colonna había nacido en Fondi (provincia Latina, en el Lazio), el 6 de diciembre de 1531. Vino al mundo en el seno de una importante familia nobiliaria italiana. Era hijo de Ludovico Gonzaga Fieschi (1500-1532) y nieto de Ludovico Gonzaga (1475-1540), conde de Rodigo (localidad a 14 km de Mantua) y de Francesca Fieschi, de la familia de los condes de Lavagna. 

Por la línea materna también tenía abolengo nobiliario ya que su madre, Isabel Colonna (?-1570), era hija única de los Colonna condes de Fondi y duques de Traetto. Las continuadas ausencias de su marido impulsaron a Isabel a residir en la casa de sus padres y por eso Vespasiano nació en Fondi. Este hecho también influyó en su nombre de pila: su abuelo materno era Vespasiano Colonna y lo llamaron así en su honor.

Las prolongadas ausencias de su padre se debieron a su carrera militar. Alcanzó gran fama por su fuerza física y su osadía. Tras su participación en el "Saco de Roma" de 1527 al servicio de Carlos V se ganó el sobrenombre de Rodomonte, uno de los personajes del famoso poema épico "Orlando Innamorato" de Matteo Maria Boiardo. Era de carácter rudo y violento, características propias de los Gonzaga y muy adecuadas para un militar de aquella época.




Luigi Gonzaga, padre de Vespasiano.


Pero la profesión de las armas es arriesgada y Ludovico Gonzaga murió joven durante el asedio de Vicovaro, cerca de Roma, luchando a favor del papa contra un abad rebelde. Vespasiano aún no había cumplido un año de edad y quedaba huérfano de padre. 
Su madre, una viuda joven, rehizo su posición social casando en segundas nupcias con Felipe de Lannoy, príncipe de Sulmona. Eso suponía un inconveniente: tenía que cumplir la disposición testamentaria de Luigi Gonzaga que indicaba que en caso de matrimonio de Isabel,  la tutela de Vespasiano pasaría al abuelo. Como consecuencia Vespasiano fue criado por su tía Giulia Gonzaga.



Giulia Gonzaga, la tía de Vespasiano que le cuidó de niño y muy probablemente salvó su vida de las intrigas de los Colonna. 
Giulia, nacida en  1513, fue casada a los trece años con Vespasiano Colonna un viudo con una hija,  Isabella. Enviudó a los dos años y se convirtió en heredera de su marido con la condición de no volverse a casar pues en ese caso el patrimonio sería todo para Isabella. La boda de  Luigi Gonzaga con Isabella, padres de  Vespasiano  Gonzaga Colonna, permitió a Giulia conservar sus feudos.

Su tía cumplió amorosamente con la obligación de cuidarle. En primer lugar protegió al niño de un posible intento de la familia Colonna de eliminarlo. Al haber perdido la custodia de Vespasiano el único medio de obtener sus dominios era heredarlos a causa de su fallecimiento. Por eso el señorío de Fondi no era un lugar seguro y se trasladó con su sobrino a Nápoles, en aquel momento posesión de la corona española. Allí pasó Vespasiano su infancia recibiendo una esmerada educación de signo humanista.



Otro retrato de Giulia Gonzaga, que según sus contemporáneos fue mujer de gran belleza. En este caso con libros, indicando que era una mujer culta. Fue ella la que transmitió a su sobrino Vespasiano el amor por las letras y la cultura clásica. En el siglo XVI las mujeres de la nobleza italiana adquirieron una importante formación humanística.

En 1545, cumplidos los catorce años Giulia siguió la costumbre de la época de enviar a los jóvenes nobles a alguna gran corte europea con el objetivo de completar su educación. Eso abría grandes perspectivas de futuro a Vespasiano y además lo alejaba de las intrigas de los Colonna, que también tenían influencia en la ciudad napolitana. 

Como siempre las relaciones familiares fueron importantes y Giulia consiguió la ayuda del Duque de Calabria, entonces Virrey de Valencia. Éste escribió una carta en 1546 al Emperador para que le admitiera a su servicio como militar. Dicha carta se conserva en el Archivo General de Simancas (Estado, legajo 297, n.° 157) y su transcripción es la siguiente:
"Muy alto y muy poderoso señor.
Vaspasiano levador desta carta es hijo de don Luys de Gonzaga mi primo que murió en serviçio de su Magestad y siguiendo las pissadas del y de los suyos va en tan tierna hedad a emplear lo mejor de su vida en servicio de vuestra Alteza y porque es bien inclinado y tiene tan buenos desseos y prinçipios que no dexara de ser hombre de bien si vive. Suplico a Vuestra Alteza le mande favoreçer en todo lo que buenamente  hoviere lugar que toda la merced que se le hiziere recibiré yo por muy propia de Vuestra Alteza cuya muy alta y muy poderosa persona y estado guarde Nuestro Señor y acreçiente como su Real coraçón dessea. 
De Valencia a VIII de enero de MDXXXXVi años.
Muy humilde servydor que sus reales manos besa.
Don Fernando de Aragón.

Residió en la corte de Carlos V hasta 1548. Lo hizo en calidad de paje del príncipe Felipe, más tarde Felipe II. Esta estancia con los Habsburgo fue decisiva para su porvenir ya que le permitió ganarse la confianza del rey y conocer personas muy importantes,  por ejemplo el futuro emperador de Austria. 
Por otro lado los conocimientos humanísticos aprendidos en Nápoles se ampliaron y le ayudaron a ser posteriormente un buen gobernante, un diplomático y un gran conocedor de la cultura clásica, tan admirada en aquellos momentos.
Pero un noble del siglo XVI debía ser  experto con la pluma y también con la espada. La corte de Carlos V, el emperador guerrero, era una magnífica escuela de guerra y Vespasiano, siguiendo la estela de su padre, emprendió la carrera de las armas al servicio de Felipe II. 

Alcanzó la mayoría de edad en 1549 y pudo tomar posesión de los feudos de su padre con el título de marqués. Años más tarde, en 1570,  heredaría también los señoríos de su madre, Traetto y Fondi. Fue nombrado duque en 1578, el mismo año que Felipe II lo nombraba grande de España. 

Contaré brevemente su trayectoria como militar y gobernante porque, como ya he dicho, está bien estudiada y divulgada. 
Hacia 1560 era "Mestre Racional" de Valencia y viajó junto al ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, reconociendo las defensas del Reino de Valencia, pues "tiene plática e inteligencia en esto y el deseo de servirnos", según escribía  Felipe II. 
Fue Capitán General de la infantería italiana en Píamonte y Lombardía en 1569. Defendió el puerto de Cartagena en 1570, junto al ingeniero militar Juan Bautista Antonelli. Ese mismo año, ambos inspeccionaron la costa de Murcia. Sus conocimientos en materia de fortificación se habían acrecentado y sus diferencias con Antonelli se harán patentes desde entonces, destacando su negativa valoración del fuerte de Bèrnia diseñado por Antonelli. 
En 1571 fue nombrado Virrey de Navarra y comenzó la fortificación de Pamplona. En 1574 se encargó de las fortificaciones de Oran, Mazarquivir, Melilla, Gibraltar y Cádiz. En 1575 fue Virrey de Valencia y en 1578 de Nápoles. 
Su último destino importante fue el de embajador plenipotenciario en Praga en 1588. Murió en 1591.

Resumida así su labor militar y diplomática paso a destacar un aspecto de su vida privada que puede resultar interesante: sus matrimonios. 



Moneda emitida por Vespasiano Gonzaga Colonna, señor de SABBIONETA de 1541 a 1591 con su efigie en una cara y en el reverso San Nicolás.




Los matrimonios de Vespasiano Gonzaga: tragedia y misterio.

En otras épocas la vida activa de las personas empezaba mucho antes que en la actualidad. Ya hemos visto lo pronto que Vespasiano accedió a sus señoríos e inició su carrera militar y ahora veremos sus matrimonios, iniciados también con precocidad según los módulos actuales. 
Es muy probable que el ser huérfano y tener que mantener el patrimonio heredado de su padre le obligara a esa precocidad.

En 1549 se casó en secreto en Piacenza con la joven Diana Folch de Cardona (1531-1559), marquesa de la Giuliana y la prometida de su primo Cesare Gonzaga, duque de Milán y conde de Guastalla. 
Este ultraje creó serias desavenencias en la familia. Por eso llevó a su novia a Sabbioneta, en aquellos momentos una pequeña localidad cercana a Parma y fuera de miradas indiscretas. 
Tuvieron que esperar veinte meses y en 1550, consiguieron el permiso oportuno para formalizar su boda, gracias a las gestiones del rey de España. Los dos contrayentes eran muy jóvenes, tenían 18 años. 

Diana Folch de Cardona constituía un excelente partido ya que pertenecía a la nobleza italiana. Los Folch de Cardona eran originarios de Cataluña pero afincados en Sicilia desde el siglo XIII. Habían ocupado cargos de virrey en Nápoles, Sicilia y Cerdeña acumulando varios señoríos en Italia. El padre de Diana había sido virrey de Sicilia. 

Parecía que iba a ser un buen matrimonio, pero resultó tormentoso. Todo empezó con la muerte de su hijo al poco de nacer y se complicó con una larga enfermedad, la sífilis, que mantuvo a Vespasiano en el lecho durante varios meses. Pero lo más grave fue su ausencia porque cuando se recuperó volvió a la vida militar y, como su padre, pasaba más tiempo en el campo de batalla que en su hogar de Sabbioneta. 
Había luchado en Italia y sobre todo en Flandes. En 1554 participó en la toma de la ciudad de Siena por parte del emperador. Allí conoció a Juan Bautista Antonelli, que como hemos visto era especialista en fortificaciones, materia que interesó sobremanera a Vespasiano y en la que llegó a ser un gran experto.
Durante las frecuentes ausencias del marido Diana buscó consuelo en los brazos de Giovanni Annibale Ranieri, un joven secretario de la corte. Si éste hubiese sido discreto es posible que el "affaire" no hubiese trascendido. Pero se mostró muy engreído y abusó de la preeminencia que le daba su intimidad con la duquesa, haciéndose muy impopular. La consecuencia fue que en 1559 Vespasiano fue informado de las relaciones adúlteras de Diana y el secretario. 
Su reacción fue rápida y dura: encargó a un sicario que degollara a Ranieri y después meditó la venganza contra su esposa. Mandó llevar el cadáver a una habitación junto a la muralla y convenció a Diana para que lo siguiera, junto con algunos cortesanos de confianza. Le  hizo entrar,  vio el cuerpo de su amante y Vespasiano, aprovechando su estupor, cerró rápidamente la pesada puerta. El cadáver desprendía un olor nauseabundo. La desgraciada Diana trató de aguantar durante tres días en ese infierno, convencida de que su esposo acabaría liberándola. Pero no fue así y ante sus súplicas le dio un frasco de veneno para quitarse la vida y poner fin a su sufrimiento. Agotada por la sed, el hambre y la desesperación así lo hizo. Era el 8 de noviembre 

Reconocer la infidelidad de su esposa era una humillación excesiva. El duque hizo correr la voz de que había muerto de enfermedad y así se recoge en algunas fuentes. Fue el propio Vespasiano el primero en divulgar esta versión cuando comunicaba su tía Julia la muerte de su esposa: "Quiso Dios llevarse junto a él a mi esposa mediante una apoplejía, sin que pudiera pronunciar ni una palabra.

Pero a pesar de las solemnes honras fúnebres y la imagen de viudo inconsolable que quiso ofrecer el duque, los rumores sobre la causa real de la muerte de su esposa se propagaron rápidamente. Dada la mentalidad de la época muchos estaban de acuerdo con tan cruel decisión. Según cuenta su biógrafo Alessandro Lisca en su "Vita Vespasiani Gonzagae Sablonetae Dvcis" Vespasiano se justificaba así: "... la moglie di un grande uomo non solo deve essere immune da colpa, ma anche dal sospetto di colpa". 

Lo que sí está claro es que el duque borró los recuerdos de su vida. No quiso que estuviera en el mausoleo que construyó más tarde para él y su familia. Tampoco se conoce ninguna imagen suya ni ninguna descripción literaria que nos recuerde su aspecto...

Desde luego la muerte de su esposa no le impidió progresar en su carrera militar: nombrado capitán general de la infantería italiana en Piamonte y Lombardía ese mismo año de 1559, fue ocupando cargos cada vez más relevantes.



Sabbioneta fue fundada por Vespasiano Gonzaga Colonna junto a la antigua calzada romana Via Vitelliana, en la ribera del Po. Convirtió una pequeña aldea en una ciudad que fue su residencia y fortaleza y la convirtió en un importante centro cultural. Inició las obras entre 1554 y 1556 y duraron toda su vida. Este fue su periodo de mayor prosperidad. Destacan sus edificios renacentistas, sobre todo el palacio ducal, el original  teatro "all'antica" y el barrio judío. Puso en práctica sus dotes de arquitecto militar al diseñar las defensas en forma de ciudadela hexagonal, con dos puertas principales. En el año 2008 la ciudad fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, junto con Mantua.


La muerte de su esposa en circunstancias tan poco claras tampoco le impidió contraer un segundo matrimonio en 1564. Y para mayor sorpresa lo hizo con una prima de Diana, Ana Trastámara de Aragón y Folch de Cardona (1540?-1567), conocida en Italia como Anna d'Aragona. Era hija del duque de Segorbe e infanta de Aragón y de Sicilia. 

La ceremonia se celebró el 8 de mayo en España el con el beneplácito del rey Felipe II, también primo de Ana. En septiembre de ese año los nuevos esposos llegaron a Sabbioneta. 
El 12 de enero de 1565 nacieron dos gemelas. A una la llamó Giulia en honor a su tía, aunque murió a los pocos días;  la otra, que le sobrevivió, se llamó Isabella en honor de su madre. 
El 27 de diciembre del mismo año nació el esperado varón que debería ser su heredero. Le llamaron Luigi, como el abuelo paterno.
La alegría del duque era inmensa. Mandó organizar juegos y fiestas que duraron más de un mes. Y aprovechó el acontecimiento para revivir una tradición de la antigua Roma que como buen humanista conocía perfectamente.  Mandó sacrificar, como augurio de buena suerte, dos parejas de bueyes blancos decorados con mirto. Acompañados de dos matarifes vestidos con túnicas sacerdotales, atravesaron las calles de la ciudad para llegar al lugar del sacrificio mientras la multitud se congregaron junto al fuego para poder comer la carne asada.



Ana de Aragón y Folch de Cardona, segunda esposa de Vespasiano Gonzaga.


Parecía que este segundo matrimonio iba a ser plácido y fecundo, pero no fue así. Ana de Aragón falleció al tercer año de estar casada, en julio de 1567. Según algunas fuentes murió a causa de una grave enfermedad, se insinúa que cáncer.  Esta versión vendría avalada por el propio Vespasiano que escribió a su primo el duque de Mantua explicando así la muerte de su esposa: "agravada durante varios días por fiebre continua y una apostema en un costado, que cuando finalmente se descubrió, la había dejado tan gran debilidad que los remedios y diligencias que se utilizaron no pudieron beneficiarle en nada, que hoy a las 15 y 16 horas, con increíble dolor mío y descontento,  ha pasado a una vida mejor". Una apostema, según el diccionario RAE es un absceso supurado y esa fue la versión oficial de su muerte. 

Otras fuentes dicen que Ana, después del segundo nacimiento, fue invadida por una tristeza inmensa. Hoy se denomina "depresión postparto", pero entonces no se conocía ni la causa ni la cura. La duquesa comenzó a estar cada vez más deprimida y se retiró a su casa de Rivarolo, sola, lejos de su marido y de los niños que no quiso volver a ver. Murió poco después. 

Pero no faltaron los que manifestaron sospechas sobre el verdadero fin de Ana afirmando que Vespasiano estaba terriblemente celoso de su segunda esposa. Corrían rumores desde hacía algún tiempo que ponían en entredicho la honestidad de su mujer, lo que vendría avalado por lo que el duque escribió a su amigo Bernardino Rota, pocos días después del fallecimiento de su mujer, sobre los afectos domésticos traicionados, la irreverencia y la vergüenza. 
Los partidarios de esta tesis dicen que la mantenía encerrada en el castillo de Rivarolo donde murió de hambre el 10 de julio de 1567. 

Ignoramos cual de todas estas versiones es la correcta. Es evidente que en este caso no borró su memoria. ¿Lo hizo para que sus hijos conservaran un buen recuerdo de su madre? ¿O es que realmente murió por causas naturales? 
Lo único claro es que la verdadera causa de la muerte de Ana Trastámara de Aragón sigue siendo un misterio. 
Una calle de Sabbioneta, la Via Anna d'Aragona, conserva el recuerdo de esta española fallecida prematuramente lejos de su país natal.

En los años siguientes Vespasiano se comportó como un padre amoroso con Isabella y Luigi. Se preocupó para que el muchacho, al ser el heredero de la familia, recibiera la educación propia de un noble. A la edad de quince años lo llevó consigo a España con el fin de formarlo en la vida militar y hacer de él un buen gobernante. 

Pero estos buenos propósitos no se cumplieron. En 1579 ocurrió  un episodio que tiñó de tragedia la vida del duque: la muerte de su hijo Luigi. 
Se dice que Vespasiano, paseando un día a caballo. vio a Luigi con otros compañeros. Por distracción el joven no lo saludó con la reverencia debida a su noble padre y éste le reprendió de manera violenta. La respuesta del joven, orgulloso como su padre, fue también violenta. Vespasiano, en un ataque de nervios, le golpeó con tal fuerza en el vientre que le produjo lesiones internas que le provocaron la muerte días después. Grande fue el dolor del duque, tanto que se temía que se iba a tornar demente. 
Al dolor siguió  una crisis religiosa repentina que le llevó a construir dos iglesias en sufragio por los difuntos de su familia. Muchos vieron en ello signos de remordimiento por los pecados pasados y recientes y también el origen de una "leyenda negra" urdida por los enemigos de los Gonzaga.



Retrato de Vespasiano Gonzaga, pintado en 1582 por Bernardino Campi. Óleo sobre tela de  60 x 51 cm. Colección privada.

La existencia de una leyenda negra tiene fundamento. En 1988 se exhumaron los cuerpos del duque y su hijo. Se descubrió que Vespasiano había contraído una severa sífilis, transmitida por desgracia al pequeño Luigi. Ambos tuvieron que someterse a una trepanación, algo bien visible en los cráneos. Era un intento de frenar el declive del cerebro. Pero el joven Luigi, físicamente frágil como otros miembros de la casa de Aragón, no soportó una intervención tan agresiva y murió poco después. 
Por tanto queda descartada la versión de que el golpe de su padre le causara la muerte, tal como difundieron sus enemigos, y podemos confirmar la existencia de una  "leyenda negra" sobre Vespasiano, un aspecto que compartió con Felipe II.  
Por desgracia no se han exhumado los restos de sus dos esposas y no tenemos confirmación científica de las causas de sus muertes.

Sin embargo el dolor por la muerte de su hijo y los fracasos matrimoniales no le impidieron contraer un tercer matrimonio, el último, con su prima Margarita Gonzaga de Guastalla (1562-1618), sobrina del celebre cardenal San Carlos Borromeo. Es posible que la búsqueda de un heredero que perpetuara su ducado de Sabbioneta pesara más que el miedo a un nuevo fracaso. 
Los esponsales se celebraron en 1581 mediante la firma de un contrato de matrimonio entre Camilla Borromeo, madre de la novia y los oficiales del duque de Vespasiano Gonzaga. Margarita accedió "per verba", es decir de palabra. El era un cincuentón  y ella tenía 20 años. 
La nueva duquesa llegó a Sabbioneta el 6 de mayo 1582  con una dote a 50.000 ducados de oro y joyas de su madre. Vespasiano ordenó una serie de festejos en su honor, entre ellos un desfile nocturno en una ciudad espléndidamente iluminada. 

No fue un matrimonio excesivamente largo porque Vespasiano falleció nueve años después. Su muerte se producía el 27 de febrero de 1591 dejando heredera universal a Isabella Gonzaga, Princesa de Stigliano, nacida en su segundo matrimonio. 
Margarita tuvo que cumplir el rito de romper los sellos del testamento y leerlo en voz alta. Tuvo lugar el 5 de marzo de ese año en la sala de los emperadores del Palacio Ducal en presencia de los funcionarios allí reunidos.



Anónimo: retrato de Margarita Gonzaga de Guastalla, tercera esposa de Vespasiano Gonzaga. Muy religiosa (era sobrina de San Carlos Borromeo)al quedar viuda se retiró a su feudo dedicada a la oración y las obras de caridad.


La devolvieron la dote y las  joyas entregadas nueve años antes y se le asignó una renta vitalicia anual de 2.000 ducados, que la hijastra se comprometió a pagar. Margarita conservó el título de duquesa de Sabbioneta, asociando en su escudo ducal las armas de Sabbioneta y de Guastalla.

Mujer profundamente religiosa se retiró a Guastalla, localidad a unos 30 km de Parma y Mantua, dedicándose a obras de caridad. Fundó un  convento de capuchinos fuera de las murallas de la ciudad  y eligió su iglesia para ser enterrada. 


Vespasiano Gonzaga fue un hombre culto, que amaba los libros, la literatura y especialmente la poesía: cultivó el arte del soneto con una cierta elegancia y habilidad. Amaba también la arquitectura, sobre todo la militar, construyendo algunas  fortalezas formidables como por ejemplo en Cartagena y Fuenterrabía. 
Pero también se interesó por la arquitectura civil dejando a la posteridad la maravillosa ciudad de Sabbioneta. Era una aldea brumosa del valle del Po que él convirtió tras treinta y cinco años de trabajos en una "pequeña Atenas". Desgraciadamente tras su muerte quedó inconclusa.




Sabbioneta: interior del teatro. 



Sabbioneta: interior de la sinagoga. Vespasiano Gonzaga además de culto fue tolerante e instaló en su ciudad un barrio judío con sinagoga, imprenta, comercios, etc. 



Sabbioneta: Interior de la "Galleria degli Antichi"





miércoles, 30 de julio de 2014

El relato mitológico del cíclope Polifemo, la ninfa Galatea y el pastor Acis: una historia de hermosos poemas, tristes melodías y amores frustrados.



Algunos amigos de AGORABEN me han animado a continuar escribiendo sobre personajes de la mitología clásica. Y aquí me tenéis de nuevo, comentando esta vez el mito de Polifemo y Galatea. Se trata de un relato que ejerció un gran influjo en el mundo clásico y también en la cultura europea. Lo encontraremos en la literatura, la música (Hendel compuso una ópera) y por supuesto el arte con numerosos cuadros y esculturas de los que veremos algunos ejemplos.




En la mitología griega la figura del gigante y cíclope Polifemo se conocía desde los primeros siglos de su historia. Tenemos su descripción en Homero (siglo VIII a.C.) y en Hesíodo (hacia el siglo VII a.C.) 
Según Hesíodo en su "Teogonía" (vv. 139-146) los cíclopes eran tres hijos de Urano y Gea (Brontes, Estéropes y Arges) que personificaban tres fenómenos naturales: el trueno, el relámpago y el rayo. Encerrados por su padre en el Tártaro fueron liberados por Zeus y como muestra de gratitud le regalaron el rayo y el trueno.
La descripción de Polifemo que hace Homero en la Odisea (canto IX) es muy diferente pero ha sido el relato más popular y difundido. Sólo coincide con el anterior en el aspecto físico del protagonista: era un cíclope gigante. Todo lo demás es muy distinto: cambia su nombre, fue el más importante de los cíclopes y despreciaba a Zeus. 



Ulises cegando a Polifemo. Grupo escultórico hallado en 1957 en una villa que el emperador Tiberio (14 al 37 d.C.) construyó en Sperlonga junto al mar. Tenía una gruta, utilizada para comer en verano, en la que estaba este grupo que representa el famoso pasaje de la Odisea. Se ha atribuido su autoría a los escultores rodios Agesandro, Atenodoro y Polidoro que, según Plinio el viejo, son los mismos autores del famoso grupo de Laocoonte y sus hijos. Su estilo dinámico y su tremenda musculatura permiten atribuirlo al período helenístico, hacia el 180 a.C.


Homero nos lo describe como hijo de Poseidón. Era un gigante de aspecto horrible a causa de tener un único ojo redondo, que ese es el significado de Cíclope. Además de su aspecto físico eran también horribles sus costumbres y su moralidad: era cruel, avariento, comía carne cruda, se emborrachaba, despreciaba el deber de la hospitalidad y se comía a los humanos que pasaban junto a su cueva de Sicilia, en las laderas del Etna, donde vivía pastoreando sus ovejas, vestido de pieles y con un gigantesco cayado...

Galatea, cuyo nombre significa "blanca como la leche", era una hermosa ninfa. Su padre Nereo había tenido cincuenta hijas, las nereidas. Vivían en el fondo del Mediterráneo pero solían salir a la superficie para ayudar a marineros en dificultades. Cantaban con voz melodiosa y bailaban alrededor de su padre. Se las representa como bellísimas muchachas que formaban parte del séquito de Poseidón. Los griegos las adoraban en altares situados en playas y acantilados, donde les ofrendaban leche, aceite y miel. 



El pintor simbolista francés Gaston Bussière (1862-1928) pintó en 1902 este cuadro titulado "Las nereidas". Con aspecto totalmente humano (a veces se las representa como sirenas) estas bellísimas divinidades vivían en las profundidades del mar aunque podían salir  a la superficie a ayudar a los humanos.

Aparecen pronto en la mitología. Homero y poco después Hesíodo dan los nombres de las cincuenta nereidas y en ambas relaciones aparece Galatea, de gran belleza según los dos. Esta característica la acompañará a partir de ese momento en todas las descripciones posteriores, tanto de la época clásica como en el Renacimiento y Barroco. 



Escultura en mármol de Robert Le Lorrain, tallada el año 1701 y conservada en la National Gallery of Art de Washington. Con este trabajo fue admitido en la Academia. Representa a Galatea que hace una pausa en su viaje sobre el mar y gira la cabeza para mirar una escultura de Polifemo que estaba al lado. Es una figura de gran elegancia y lirismo con un delicado desnudo.

Como ejemplo os pongo la descripción que de Galatea hacía Luis de Góngora en su famoso poema "Polifemo y Galatea" donde las alusiones a su blanca belleza son constantes. Veréis que su estilo es tan culto y refinado que puede presentar algunas dificultades de comprensión. Dice así:
"Ninfa, de Doris hija, la más bella, 
adora, que vio el reino de la espuma. 
Galatea es su nombre, y dulce en ella 
el terno Venus de sus Gracias suma. 
Son una y otra luminosa estrella 
lucientes ojos de su blanca pluma: 
si roca de cristal no es de Neptuno, 
pavón de Venus es, cisne de Juno.

Purpúreas rosas sobre Galatea 
la Alba entre lilios cándidos deshoja: 
duda el Amor cuál más su color sea, 
o púrpura nevada, o nieve roja. 
De su frente la perla es, eritrea, 
émula vana. El ciego dios se enoja, 
y, condenado su esplendor, la deja 
pender en oro al nácar de su oreja."



Polifemo y Galatea, fresco del pintor barroco Aníbal Carracci en el Palacio Farnesio de Roma, 1597-1605). Polifemo, de tamaño enorme va acompañado de atributos de pastor y en vez de tañer la lira toca la flauta de Pan, el instrumento pastoril por excelencia. Galatea, acompañada de dos hermanas, navega sobre un pez porque según la mitología las nereidas se aparecen a los hombres montadas en delfines, hipocampos y otros animales marinos.

Resulta difícil imaginar cómo dos personajes tan dispares, más bien opuestos, Polifemo y Galatea, pudieron verse involucrados en una relación amorosa. Uno era la encarnación de la fealdad y el mal y la otra de la belleza y la bondad... De hecho tales amores se planten por primera vez a finales del siglo V a.C. por obra y gracia de un poeta despechado por una rivalidad poética y sentimental. Se trata de Filóxeno de Citera y es imprescindible contar brevemente su biografía para entender los cambios que introdujo en el mito clásico. 

Filóxeno (435-380 a.C.) había nacido en la isla de Citera. De joven había sido vendido como esclavo en Atenas. Fue una consecuencia de la Guerra del Peloponeso (426-410). Los atenienses ocuparon la isla y muchos de sus habitantes fueron esclavos de guerra. Su suerte fue que lo comprara el poeta ditirámbico Melanípides. Este autor le trató como un igual, le enseñó su arte y finalmente le dio la libertad. Gracias a él Filóxeno se convirtió en un apreciado autor de ditirambos que superó a su maestro.
El ditirambo era un poema cantado, compuesto originariamente en honor a Dionisos, en el que la música y la danza eran tan importantes como el texto. Era una composición laudatoria. Durante nuestro Siglo de Oro se escribieron muchos ditirambos a la manera griega, exagerando tanto la admiración que ditirambo se convirtió en sinónimo de alabanza exagerada.



"Galatea", año 1896. Cuadro del pintor francés Gustave Moreau pintado dos años antes de su muerte. La peculiar visión de los temas que representaba en sus cuadros no gustaban a todos aunque llegó a ser profesor de la Escuela de Bellas Artes de París y tuvo entre sus discípulos a Henri Matisse. En esta obra la blancura y delicadeza de formas de Galatea contrasta con la tosquedad y color oscuro del gigante Polifemo que ha cubierto su cabeza con flores para complacer a su amada. Ésta va acompañada de corales que aluden a su condición de nereida y de flores que aluden a su belleza.

Buscando mejores oportunidades Filóxeno abandonó Atenas y marchó a Siracusa, a la corte del tirano Dionisio I. Este gobernante era un mecenas de científicos y artistas. Además le gustaba componer poemas que todos sus protegidos aplaudían a rabiar. ¿Todos? No: Filóxeno le decía siempre la verdad, que sus versos no tenían valor alguno. 
El tirano estaba resentido por esa falta de adulación, pero no se decidía a actuar contra él. La oportunidad de venganza le vino cuando Filóxeno cometió otro error: trató de seducir a Galatea, una flautista de la corte por la que el tirano sentía también un  gran interés. Y ocurrió lo inevitable: Dionisio lo condenó a trabajos forzados en la terrible cárcel de las Latomías de Siracusa. Según Cicerón esta prisión, antigua cantera, era una "obra grandiosa, magnífica, de reyes y tiranos, excavada íntegramente en la roca por obra de muchos operarios, hasta una extraordinaria profundidad. No existe ni se puede imaginar nada tan cerrado por todas partes y seguro contra cualquier tentativa de evasión. " (In Verrem II, 5, 68).
Según algunos autores antiguos, a pesar de la dificultad de evasión, Filóxeno logró escapar de Sicilia y viajó por todo el mundo griego recitando sus ditirambos hasta que la muerte le llegó en Éfeso. 
Pero según otros, como por ejemplo Diodoro de Sicilia, en realidad no huyó: Dionisio le había preguntado de nuevo cómo eran sus poemas y Filóxeno le contestó con una palabra de doble sentido que podía significar al mismo tiempo "llenos de sentimiento" o "lamentables". Dionisio la entendió en el primer sentido y le dio la libertad. El tirano dejaba patente su ignorancia literaria ante Filóxeno y ante toda Grecia.
Para nosotros el episodio de su encarcelamiento fue una suerte porque en prisión compuso su obra más conocida, el ditirambo "Cíclope" también llamado "Galatea" en honor de su fracasada conquista amorosa.
El poema fue compuesto hacia el 390 a.C. Filóxeno se vengó del tirano Dionisio presentándolo como el cíclope Polifemo basándose en que tenía un ojo con pésima visión o incluso, según algunos, en que era tuerto. Siguiendo por esa vía de la sátira hace que el coro de la obra fueran las ovejas y cabras del Cíclope, el cual lo dirigía y tocaba la cítara.
Partiendo del relato de la Odisea, que todos conocían a la perfección, hablaba del cíclope Polifemo que vivía en una cueva con sus ovejas y se enfrentó a Ulises. Pero Filóxeno añade un detalle nuevo: se enamoró de la nereida Galatea, trasunto literario de la flautista causante de su desgracia. Y Ulises, personaje astuto y hábil que había seducido a Galatea, era en realidad el propio autor. 
En el poema Polifemo, no correspondido, se consuela de su mal de amores cantando con el acompañamiento de una lira. Era un instrumento musical no habitual en este tipo de poesía ya que se acompañaba con el aulós o flauta doble, que tan magistralmente tocaba Galatea. Al mismo tiempo encargaba a los delfines que informaran a Galatea de cómo aliviaba su dolor por ella mediante la poesía y el canto. 


Pompeya, fresco de la Villa de los Papiros. Un cupido montado sobre un delfín entrega a Polifemo una nota con la respuesta de Galatea a sus requerimientos amorosos. El autor lo representa con una lira, el instrumento que tañía para su amada según Filóxeno. La lira acabó convertida primero en símbolo de los poemas cantados y luego de la poesía en general: nuestra palabra "lírica" proviene de ella y lira es también la denominación de una estrofa de cinco versos. Del antiguo instrumento musical griego derivó la actual cítara.

Desconocemos como acaba esta historia porque el poema no se ha conservado íntegro. Siglos más tarde el historiador Apiano, en el siglo II d.C. daba un dato del que se puede deducir un final feliz para Polifemo: "Y cuentan que el país tomó el nombre de Ilirio, el hijo de Polifemo, pues el cíclope Polifemo y Galatea tuvieron tres hijos: Celto, Ilirio y Gala, que emigraron desde Sicilia y gobernaron sobre los celtas, ilirios y gálatas, llamados así por su causa."
Así que tenemos derecho a imaginar el final siguiente: Ulises acabó abandonando Sicilia y a su amante Galatea, marchando a Ítaca donde le esperaba su Penélope. Y el cíclope acabó conquistando a Galatea no por la fuerza física que le caracterizaba sino por su constancia en el amor y en el cultivo de las bellas artes. El amor había transformado al rudo gigante caníbal en un tierno enamorado y le inspiraba bellas melodías y dolientes poemas. 
El dolor causado por el abandono de Ulises fue remitiendo en Galatea y  se iba sustituyendo por un interés nacido de la contemplación del dolor de Polifemo y del sentimiento conmovedor y sincero de poemas. Y así fue como el amor volvió a renacer en el corazón de Galatea, acunado por hermosos versos y dulces melodías. Desde siempre las palabras hermosas han sido la llave que ha abierto el corazón de las mujeres... 

Ya he indicado que apenas se conservan unos pocos fragmentos del poema de Filóxeno, no más de doce versos. Pero en su época fue muy conocido y sirvió de base para crear otros relatos sobre la relación amorosa de Polifemo y Galatea. Esta transformación del horrendo Polifemo en un tierno enamorado daría más tarde pie al cuento de la bella y la bestia.



Fresco de Pompeya conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. El autor anónimo representó una antigua leyenda sobre el amor entre Polifemo y Galatea surgida posiblemente a partir del poema de Filóxeno. El cíclope es de mayor tamaño, aunque no descomunal, y de color oscuro; a su lado aparecen sus atributos de pastor, cayado y carnero. Como instrumento musical con  el que cantaba su mal de amores no está la lira sino otro de tradición pastoril: la flauta de Pan. Este cambio obedece probablemente a que el artista nos narra la leyenda popular siciliana sobre el amor de Galatea hacia Polifemo. Como se aprecia en la imagen Galatea aparece con su característico color blanco y muy enamorada del gigante, conquistada por sus versos y su música. El historiador Apiano también se hizo eco de esta leyenda al informarnos que tuvieron tres hijos.

Este poema de Filóxeno  dio también lugar a una nueva tradición literaria, la bucólica, de gran éxito. La figura del pastor que canta su mal de amores por los bosques acabó siendo un tópico literario muchos siglos después, en el Renacimiento y el Barroco. Un ejemplo es el gran Garcilaso de la Vega (1501-1536) que en su Égloga I nos dice que va a contar las penas de amor de los pastores Salicio y Nemoroso. El texto y la música melodiosa de sus lamentos hacen que hasta las ovejas dejen de pacer y escuchen absortas sus tristes y dulces cantos:
"El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de contar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
(de pacer olvidadas) escuchando."


Otro autor muy importante para entender el mito de Polifemo y Galatea fue Ovidio. Lo narró en su obra "Las Metamorfosis" (libro XIII), acabada el año 8 d.C. Pero introdujo un nuevo personaje, el pastor Acis, el gran amor de Galatea, lo que tendría una enorme transcendencia literaria y artística. Ovidio cita a Ulises pero sin mantener relación amorosa con Galatea.

Su relato adopta la forma de confesión femenina íntima: la también hermosa ninfa Escila peina a Galatea y esta se lamenta, entre lágrimas, de que a pesar de ser diosa no pudo rechazar a Polifemo más que a costa de enorme dolor. Los textos que cito a continuación proceden de la traducción de Las Metamorfosis que publicó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1994.

Según contaba Galatea llena de dolor: “Fruto de Fauno y de la ninfa Simétide fue Acis, gozo inmenso de su padre y de su madre, pero mayor aún para mí, pues sólo a mí se unió él. Hermoso, [...] llevaba las tiernas mejillas marcadas por un tenue bozo: a él buscaba yo y a mí el Cíclope, sin punto de reposo. Mira, si me preguntas qué era en mí más apasionado, si el odio al Cíclope o el amor a Acis, te lo diré: ambos eran iguales."



Acis y Galatea, del pintor francés Claudio de Lorena (1605-1682). Como en otros pintores barrocos el tema mitológico es un mero pretexto para presentarnos un paisaje complejo y de gran belleza donde mar y montañas, luces y sombras se combinan con habilidad creando unos contrastes que refuerzan la profundidad de la obra.


Polifemo se esforzaba seriamente en agradar a Galatea y por eso empezó a cuidar su aspecto físico, aunque de una manera muy peculiar. Según seguía contando Galatea: "¡Oh, cuan grande es el poder de Venus bienhechora! Porque aquel ser bestial, espantable hasta para las mismas selvas, a quien ningún extraño pudo ver impunemente y despreciador del gran Olimpo, y con él de sus dioses, supo lo que es el amor, y preso de violenta pasión arde en ella, olvidado de sus ganados y de sus cuevas. Y ya te preocupas de tu figura, y ya tratas de agradar, ya peinas con un rastrillo, Polifemo, tus cabellos tiesos, ya te place recortarte con una hoz la erizada barba, y contemplar en el agua tu rostro feroz y acicalarlo; cesan tu afición a la matanza, tu salvajismo y tu sed infinita de sangre, y llegan ya y se marchan sin peligro los bajeles."
Está claro, según Ovidio, el gran el poder del amor, que a todos transforma, dioses y humanos, ricos y pobres: todos sucumben ante él. Y se vuelven ciegos ante lo evidente. Porque Polifemo no quiso comprender el aviso que le daba el adivino Télemo: "... ‘el ojo único que llevas en medio de la frente, te lo arrebatará Ulises. Se echó a reír y habló así: ‘Oh el más necio de los adivinos, te engañas; otra me lo ha arrebatado ya’. Así desdeña él vanamente a quien le anuncia la verdad."

Un día, sigue contando Galatea, el cíclope se acercó hasta el mar y se sentó en una roca cuyos flancos lamían las olas. Dejó su cayado de pastor, grande como el mástil de un velero, y empezó a tocar una enorme flauta de Pan, hecha con cien cañas. 
Ella y Acis estaban escondidos bajo otra roca, también junto al mar, entregándose al placer del amor. Y Galatea pudo escuchar estas palabras del cíclope: "Oh, Galatea, más blanca que las hojas de la nevada alheña, más florida que los prados, más espigada que el estirado sauce, más brillante que el cristal, más juguetona que el cabrito, más pulida que las conchas que el agua continua desgasta, más agradable que los soles del invierno, que la sombra del verano, más noble que las manzanas, más distinguida que el plátano alto, más resplandeciente que el hielo, más dulce que la uva madura, más blanda que las plumas del cisne y la leche cuajada, y sí no me huyeras, más hermosa que un jardín regado."



Giulio Romano: Polifemo, año 1526. Frescos de Sala di Psiche en el Palazzo del Tè de Mantua. El cíclope canta su amor por Galatea acompañado de la flauta de Pan que en la antigüedad también se denominaba siringa. Al fondo, junto a otra roca, Acis y Galatea dan rienda suelta a su amor.


Pero a estas alabanzas siguieron los lamentos por su desdén: "Y al mismo tiempo, Galatea, más cruel que los novillos sin doma, más dura que una encina añosa, más falsa que el agua, más escurridiza que las ramas del sauce y las vides blancas, más inconmovible que estos peñascos, más impetuosa que los ríos, más orgullosa que el alabado pavo real, más cruel que el fuego, más erizada que las espinas, más salvaje que la osa preñada, más sorda que los mares, más furiosa que una serpiente a la que se ha pisado."

Pero también habían palabras de esperanza en los lamentos del cíclope: "... si me conocieras bien, sentirías haber huido de mí, censurarías tú misma tu propia tardanza y te esforzarías por retenerme."

Y finalmente le indicó cuales eran sus posesiones, las que Galatea disfrutaría si se unía a él: "poseo una cueva [...] en la cual ni se nota el sol en pleno verano ni se nota el invierno; poseo frutas que cargan sus ramas; poseo uvas semejantes al oro en prolongadas viñas, y también otras de color purpúreo: para ti las reservo, unas y otras. Tú misma con tus manos cogerás blandas fresas brotadas en las sombras del bosque, tú misma cerezas silvestres de otoño, y ciruelas, no sólo las que por su negro jugo presentan un tono cárdeno, sino también las de clase superior, y que semejan cera reciente. Siendo yo tu esposo no te faltarán ni castañas ni frutos del madroño: todos los árboles estarán a tu servicio. Este ganado es todo mío; y muchas son las cabras que andan por los valles, muchas las que oculta la selva, muchas las que se recogen en las cuevas; y no podría yo, si acaso me lo preguntaras, decirte cuántas hay; propio de pobres es contar el ganado. [...] Siempre dispongo de leche como la nieve; de ella conservo una parte para beber, y el resto lo solidifica el líquido cuajo. Y no dispondrás sólo de placeres ordinarios y obsequios vulgares, como gamos, liebres y cabras, o un par de palomas, o un nido arrancado de la copa de un árbol. Descubrí dos cachorros gemelos de una peluda osa, que podrían jugar contigo, y tan parecidos que difícilmente se los distinguiría. Los descubrí y dije: ‘ésos los guardaré para mi dueña’. Y ahora, saca ya del mar azul tu espléndida cabeza, ven ya, Galatea, y no desdeñes mis obsequios. [...] Añade que en vuestro mar es rey mi padre; a él te doy por suegro. Sólo te pido que te apiades de mí, que escuches mis humildes súplicas; porque sólo a ti me rindo yo; y yo, que desprecio a Júpiter y al cielo y al rayo destructor, a ti te venero, Nereida".




Polifemo sorprende a Acis y Galatea. Grupo escultórico de la Fuente  Médicis, año 1866, que se encuentra en el Jardín de Luxemburgo de París. Es  obra del escultor y académico Auguste Ottin. Polifemo, en bronce, está representado mientras observa desde lo alto de una roca cómo Galatea y Acis, cuyas figuras están en mármol, se entregan a su amor a la orilla del mar.

Y finalmente entraron en juego los celos: "Para mí sería más tolerable este desdén tuyo, si fueras esquiva para todos; mas ¿por qué, rechazando al Cíclope, amas a Acis y a mis abrazos juzgas preferible a Acis?"

Y al proferir estas palabras una enorme furia inundó el corazón del cíclope, una furia similar a la lava del Etna, a punto de desbordarse: "Porque estoy ardiendo, y el fuego, agitado, se desborda con más violencia, y me parece que se ha trasladado y llevo en mi corazón el Etna con sus fuegos; y tú, Galatea, no te conmueves."

El cíclope se levantó y desde su enorme altura vio abrazados a Acis y Galatea. El grito que lanzó fue horrible y resonó por toda la montaña: "Os he visto y os aseguro que éste va a ser vuestro último encuentro de amor."
Galatea, aterrorizada, se sumergió en el mar y Acis intentó escapar corriendo con todas sus fuerzas. Y aunque la desesperación da alas, la fuerza de Polifemo era tan descomunal que arrancó un enorme peñasco y lo lanzó lejos, alcanzando de lleno a Acis. Un enorme río de sangre empezó a brotar de su cuerpo herido.



Polifemo lanza una gran piedra a Acis y Galatea que huyen despavoridos. Fresco de Aníbal Carracci  en Palacio Farnesio de Roma, 1597-1605. Los Carracci representan el barroco clasicista, muy distinto del barroco realista de Caravaggio, la otra gran corriente pictórica del momento. Las potentes musculaturas y las posiciones inestables son influencia evidente de Miguel Ángel. Vemos también luminosidad e idealización, otras dos cosas que no abundan en el tenebrismo caravaggista. Pero el movimiento, el dinamismo, la expresión violenta de los sentimientos son muy barrocos.

Galatea lo vio todo e imploró a los dioses. Entonces la sangre cambió de color y se transformó en un río de agua. En sus orillas crecieron cañas. Y según seguía relatando Galatea: "De pronto, ¡oh prodigio!, surge hasta la cintura un joven ceñido de juncos entrelazados en sus nacientes cuernos. De no ser porque era más grande y su cara de un color azul de mar, aquel joven era Acis. Pero así y todo era Acis convertido en río, y sus aguas conservaron su antiguo nombre”. 
Los dioses habían atendido los ruegos de la bondadosa Galatea y habían transformado a Acis en río. En la mitología griega y romana todos los ríos tenían un dios, y ese había sido el destino de Acis: convertirse en un dios y ser por tanto inmortal. La furia de Polifemo nada podía ya contra él.

Pero en este mundo todo tiene un precio y la inmortalidad de Acis también lo tuvo: Galatea y él ya no podrían amarse nunca más. Ambos arrastrarían el dolor de ese amor imposible durante toda la eternidad... 

Eso es lo que una doliente Galatea le había contado a la hermosa Escila mientras peinaba su bellísísima cabellera y la adornaba con flores y rojos corales.



"Acis y Galatea", año 1833. Óleo sobre tela del pintor francés Antoine-Jean Gros (1771-1835). Mide 129 x 161 cm. y se expone en la Chrysler Museum of Art de Norfolk, Virginia. Los amantes están en una roca junto al mar y han escuchado las amenazas de Polifemo. Galatea se tapa horrorizada los oídos mientras un jovencísimo Acis (según Ovidio tenía 16 años) mira temeroso al cíclope que en su furia ha arrancado un árbol. Al fondo tres nereidas, hermanas y cómplices de Galatea, huyen despavoridas y más próximas otras dos llevan la concha que pondrá a salvo a la ninfa. Su blancura deslumbrante, que hace honor a su nombre, destaca aún más gracias al fondo oscuro de la roca y los vestidos rojizos de los amantes.

¿Y Polifemo? Su final queda muy bien definido por Ovidio a pesar de que sólo lo sugiere. Volvió a ser el gigante cruel y amargado de siempre. Cuando Ulises recaló en sus costas no le ofreció la sagrada hospitalidad y se comió a varios de sus compañeros. Por eso ideó la estratagema de emborracharlo y cegarle su único ojo con un enorme tronco cumpliéndose así el vaticinio del adivino.
Polifemo ya nunca más podría admirar la deslumbrante belleza de Galatea. Ese fue su castigo eterno por su falta de respeto a los dioses.



Detalle de una pintura ejecutada sobre el cuello de un ánfora. Data de entre el 675 y el 650 a.C. Procede de Atenas y se conserva en el museo de Eleusis. El gigante Polifemo, sentado y de color negro, está dormido a causa de su embriaguez, indicada por el kylix o copa para el vino que sostiene con su mano derecha. El momento es aprovechado por Ulises (en color claro) y sus compañeros (color negro) para cegarle su único ojo. Es la escena más famosa de este episodio de Ulises y el cíclope.