miércoles, 13 de febrero de 2013


TOMBUCTÚ Y SU ARQUITECTURA DE BARRO, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.


Francisco Amillo Alegre

La reciente guerra de Mali nos ha permitido recordar la historia de Tombuctú y su interesantísimo patrimonio cultural (biblioteca andalusí y arquitectura de barro) protegido por la UNESCO.





Mezquita Al Yannah de Tombuctú, un ejemplo de arquitectura de barro en la que la madera de acacia crea unos elegantes efectos.



La mítica ciudad de TOMBUCTÚ, que pertenecía a Mali, cambió de manos a principios de 2012 cuando una parte de ese país se proclamó independiente. Los hechos se iniciaron cuando los tuareg, agrupados en el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), se sublevaron contra el gobierno central de Mali. Contaron con la ayuda de grupos islamistas como Ansar Dine y Al Qaeda del Magreb Islámico.

El 22 de marzo se produjo un golpe de estado que derribó a Amadou Toumani Touré, presidente de Mali. La inestabilidad subsiguiente fue aprovechada por los tuareg que conquistaron Tombuctú el 1 de abril. El día 6 proclamaron unilateralmente su independencia de Malí y la creación del Estado Independiente de Azawad. No hubo reconocimiento internacional alguno, con lo que la región era independiente de facto aunque según la legalidad internacional seguía perteneciendo a Malí. Pero su gobierno era incapaz de recuperarla.


La situación adquirió un giro inesperado cuando tropas francesas intervinieron en el conflicto en enero de 2013 y gracias a su ayuda el gobierno de Mali empezó a recuperar el territorio de Azawad. Tombuctú fue liberada el 28 de enero.

Este corto período de independencia “de facto” fue terrible desde el punto de vista humanitario y cultural. Los tuareg tenían una visión más laica del nuevo estado mientras que su aliada Al Qaeda defendía el integrismo islámico. Hubo enfrentamientos armados entre los antiguos aliados que culminaron con el triunfo islamista a finales de junio de 2012 y la expulsión de los tuareg.

El nuevo gobierno actuó de forma lamentable desde el punto de vista humanitario. A las destrucciones, inseguridad, carencia de medicamentos y hambre provocados por la guerra se unió una feroz represión política e ideológica: asesinato de opositores, lapidaciones de mujeres, amputaciones de manos… todo porque tenían un concepto diferente de lo que es el Islam.

Con los islamistas llegó una nueva amenaza para el patrimonio cultural: El 30 de junio anunciaban su interés en destruir los 333 mausoleos de la ciudad, por considerar que los peregrinajes a estos lugares eran "contrarios al islam" ya que debían aplicar  en Mali la sharia  (ley islámica).

Primero destruyeron el "Monumento de la Independencia de Tombuctú", una antigua estatua ecuestre en la que descabezaron al jinete destrozando también la plaza que lo rodeaba. Después demolieron siete mausoleos, entre ellos los de Sidi Mahmud y Sidi Moctar.





Yihadistas destruyen un mausoleo en Tombuctú





El 23 de diciembre  reemprendieron la destrucción de más mausoleos, unos monumentos singulares, muchos de ellos construidos en la Edad Media, cuando Tombuctú era uno de los grandes emporios comerciales del mundo.

Por suerte la intervención francesa frenó esta absurda orgía de destrucciones. Al recuperarse la ciudad la comunidad internacional constató con alivio que los daños sufridos por el patrimonio artístico de Tombuctú durante el asedio y ocupación de los yihadistas fueron menores de lo que se temía. Respecto a los monumentos, habrá que reconstruir 11 tumbas y mausoleos, lo que costará entre cuatro y cinco millones de euros, según la Unesco. Pero no se ha perdido este patrimonio arquitectónico.

Tampoco han salido tan malparados como se temía los libros de la famosa biblioteca andalusí. En un primer balance, se estima que se han perdido entre 2.000 y 3.000 de los 300.000 manuscritos. Eso fue debido a que desde finales de agosto de 2012 un grupo de responsables de las 32 bibliotecas familiares de la ciudad sacaron de manera discreta y a bordo de vehículos todoterreno el 80 % de los manuscritos, tal como contaba en el diario «Le Monde» Jean-Michel Djian.


La mítica ciudad de Tombuctú.
La importancia económica, cultural y patrimonial de Tombuctú es un legado que arranca de la Edad Media cuando se convirtió en la intermediaria entre el mundo subsahariano de raza negra (en árabe Sudan-es-Bilad, la tierra de los negros), y el norteafricano, de religión musulmana. Desde ella se exportaban las riquezas subsaharianas: el oro de las orillas del Níger, el marfil, las plumas de avestruz y los esclavos negros. Y por ella se recibían las riquezas europeas, africanas y orientales: la sal (que valía lo mismo que el oro y se cambiaban al peso), las especias, tejidos lujosos de Egipto y de Asia, las alfombras, dátiles, bisutería, cacharros de cobre, etc.

Las rutas de caravanas paraban en Tombuctú y se aprovisionaban en ella después de un agotador viaje por el Sahara o se aprovisionaban antes de adentrarse en ese terrible desierto rumbo al Norte (Marruecos, Argel, Egipto, etc). Allí se concentraban productos de todo el mundo creando una gran prosperidad.

El resultado de esta prosperidad económica fue la creación de importantes mezquitas y una de las primeras universidades de África. Durante el siglo XIV se construyeron la muralla actual y la primera mezquita.

Tuvo su mayor esplendor durante el reinado de los Askia (1493-1591), con más de 100.000 habitantes de diversas etnias. Estudiantes de todo el mundo islámico acudieron a la Universidad de Sankore y a las 180 madrazas con las que contaba la ciudad, donde se enseñaba teología, ley islámica y literatura a unos 25.000 alumnos.

Resulta curioso pero es cierto: hubo una intensa relación entre el reino nazarí de Granada y Tombuctú. El oro del Níger, conseguido con el comercio, sirvió para pagar los monumentos nazaríes (por ejemplo la Alhambra) y las parias a los reyes castellanos.
Cuando este comerció falló, dejó de llegar el oro y se acabaron las parias. Por eso la tan citada frase de Boabdil “En Granada ya no se labra oro para los cristianos” podía sonar a chulería pero era la descripción de la realidad: no labraban oro porque el oro del Níger ya no llegaba a la corte nazarí.

Es también de destacar la presencia del granadino Abu Isaq Es Saheli en el reino de Mansa Mussa. Le conoció en su peregrinación a La Meca de 1330 y se incorporó a su corte donde brilló como poeta, pero sobre todo como arquitecto original por su estilo inconfundible. Combinó un núcleo interno de mampostería con un recubrimiento exterior de barro y madera de acacia y también muros que sólo eran de adobe, más frágiles y ligeros. Levantó grandes estructuras con estos materiales pobres pero logrando un efecto ornamental inigualable. Al hacer aflorar las vigas de madera de la estructura consiguió unos efectos de luz y sombra y una combinación cromática y de texturas espléndida. Sus edificios, sobre todo la mezquita de Djingareyber, en Tombuctú, le convirtieron en una referencia constructiva ya que su estilo arquitectónico se extendió por toda la región.

La Mezquita de Djingareyber en Tombuctú.

El testimonio más famoso sobre la grandeza de Tombuctú se debió al granadino Hassan Ibn Muhammad al Wazzani, conocido en España como León el Africano: "En Tombuctú se alzan una mezquita extraordinaria y un palacio majestuoso" (…) Los habitantes, y especialmente los extranjeros que viven aquí, son extraordinariamente ricos".

En el siglo XVI muchos moriscos granadinos se instalaron en la ciudad y con ellos trajeron sus libros escritos en árabe, considerados un bien muy valioso transmitido de generación en generación. Fueron tantos y de tanta calidad estos manuscritos que, según se indica en Wikipedia: “A fines de septiembre de 2003, se terminó la construcción de la «Biblioteca Andalusí de Tombuctú», donde se albergan más de 300.000 volúmenes con manuscritos de tan rica cultura, pertenecientes en su mayoría a los siglos XV y XVI. «La Caravana del manuscrito andalusí» es un documental de Lidia Peralta que narra la historia de estos manuscritos.”


La importante biblioteca andalusí de Tombuctú corrió grave peligro de destrucción aunque finalmente se salvó la mayor parte de ella gracias a la intervención decidida de un grupo de personas que pusieron en peligro sus vidas. ¿Por qué el integrismo islámico rechaza aquella tradición del Islam medieval, culto y tolerante, que consideraba los libros como uno de los bienes más preciados? ¿Por qué alguien puede ver un libro como un enemigo?



La arquitectura de barro, Patrimonio  de la Humanidad.

La declaración de Tombuctú como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988 reconocía la existencia de un interesante conjunto arquitectónico basado en materiales pobres: el barro y la madera. Y la reciente  guerra en Mali nos ha vuelto a recordar esta arquitectura del barro, que durante siglos fue despreciada por Occidente aunque hoy día, afortunadamente,  ha sido reconocida en todo su valor. Vamos a ver a continuación cómo sucedió eso.

La primera sistematización de la teoría del Arte se realizó en el siglo XVIII. En aquel momento la vida cultural se caracterizaba por dar una importancia extraordinaria al mundo clásico. Era el período que hoy conocemos como Neoclasicismo.
Los tratadistas neoclásicos clasificaron los materiales arquitectónicos en ricos y pobres. El barro estaba entre los segundos y se asociaba a una arquitectura popular, carente de valor artístico porque no seguía los modelos clásicos.

No se dieron cuenta que el barro se había utilizado en edificios que sí se consideraban artísticos. En las iglesias románicas, por ejemplo, los muros eran muy gruesos y podían alcanzar en algunos puntos hasta 6 metros de ancho. Pero no eran de piedra maciza: las caras exteriores estaban hechas con sillares de piedra, muy bien trabajados y escuadrados, pero entre ambas se ponían los trozos de piedra que habían sobrado al tallar los sillares mezclados con tierra apisonada. El resultado era una construcción más barata y más ligera que la pura piedra.

Otro ejemplo puede ser la gran muralla china. Exteriormente es, según tramos, de piedra caliza, granito o ladrillo. Esta diversidad es consecuencia de la utilización de los elementos naturales de la zona y dada la enorme longitud de esta construcción, atravesaba territorios con materiales muy distintos. Pero interiormente también se rellenó  de arcilla y arena con varias paredes de ladrillo.

El mayor desarrollo de la arquitectura del barro se produjo fuera de Europa, en Arabia y en África Central. Allí adquirió unas características muy peculiares que aún conserva.
 


Shiban es una ciudad  del Yemen que está construida con barro con una sorprendente arquitectura de pisos elevados que la convirtió en la ciudad de rascacielos más antigua del mundo.

Un tercio de la población mundial sigue viviendo en edificios construidos total o parcialmente de tierra, siguiendo técnicas muy variadas según regiones.
La tierra se puede utilizar en forma de adobes (ladrillos de barro secados al sol) o con tapial (barro prensado dentro de un encofrado de madera). Este tipo de arquitectura representa el 20 por ciento de los sitios culturales de la UNESCO inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial.


Muro de adobe que ha perdido parte del enlucido de barro que lo protege de la erosión de los agentes atmosféricos.


Construcción de un muro de tapial: se coloca un encofrado de madera y dentro de él se prensa el barro. Cuando se seca se retira el encofrado y se monta encima. Los agujeros sirven para sujetar el encofrado introduciendo rodillos de madera.


Muro de tapial sobre un zócalo de mampostería para la cimentación. Se observan los orificios utilizados para el soporte del encofrado y de los andamios.

La UNESCO destaca que es importante estudiar y preservar este patrimonio histórico, pero hay que considerar también su valor económico y ecológico. El barro es un material que siempre está próximo y disponible y por tanto es barato. Su utilización evita el transporte de materiales de construcción, muy caros en ciertas partes del mundo. Además, las paredes en tierra poseen excelentes propiedades térmicas, protegiendo el interior de las viviendas del calor del verano y del frío del invierno.

En España se han  utilizado estos materiales desde tiempos inmemoriales, aunque su mayor desarrollo vino en la época árabe cuando no sólo se construyeron casas de adobe y tapial sino también mezquitas e incluso torres  defensivas y murallas. Para preservar el barro de la erosión provocada por los agentes atmosféricos se extendió la costumbre de encalar los edificios de este material. La blancura inmaculada de los pueblos de época islámica se ha continuado en Andalucía. Esa blancura la vemos sólo hoy como un valor estético. Altea, por ejemplo, se ha autodenominado “La villa Blanca” y sus ordenanzas obligan a pintar de blanco las fachadas. Sin embargo en su origen tenía un valor funcional.
Aún hoy se conservan numerosas viviendas rurales hechas de barro y madera cuyos muros de adobe son una excelente barrera contra las temperaturas extremas.


Edificio hecho en barro, en Shibam, Yemen. © UNESCO, David Hicks

El arquitecto egipcio Hassan Fathy (1900-1989) impulsó la arquitectura sostenible o ecológica en el siglo XX apoyándose en las técnicas egipcias tradicionales de construcción en tierra. Creó un estilo contemporáneo de arquitectura árabe de gran eficacia funcional y mostró la importancia de preservar los elementos constructivos ancestrales como la bóveda de Nubia, que utiliza ladrillos de barro para construir tejados curvos. Su trabajo inspiró a arquitectos contemporáneos como Rem Koolhaas, Alvaro Siza y Wang Shu.

En gran parte del mundo, la arquitectura en tierra genera cohesión social ya que se sigue produciendo y manteniendo por toda la comunidad. Así por ejemplo las mezquitas de Tombuctú fueron construidas con la participación de todo el pueblo dirigidos por albañiles expertos. Y después su mantenimiento se ha realizado a través de los siglos por toda la comunidad de los fieles. La temporada de lluvias deshace la capa de barro superficial que las recubre por lo que, al llegar la estación seca, es necesario darles un nuevo enlucido de barro. Y eso se hace de forma colectiva.

domingo, 10 de febrero de 2013


LUCES DE BOHEMIA.  ARTISTAS, GITANOS Y LA DEFINICIÓN DEL MUNDO



Francisco Amillo


El título de esta entrada coincide con el de una exposición de pintura que se celebra en Madrid y que será visitable hasta el 5 de mayo. El lugar es la Fundación Mapfre, situada en el Paseo de Recoletos, 22 y la entrada es gratuita. Si tienes que viajar a Madrid no te pierdas esa oportunidad.
A continuación te presento un resumen de lo que se indica en el catálogo de la exposición.



El mito del artista bohemio y romántico del siglo XIX que vive en una buhardilla de Montmartre, es el protagonista de esta exposición que reúne un centenar de obras que recrean la historia de la bohemia artística.

Goya, Watteau, Gainsborough, Boucher, Teniers, Corot, Delacroix, Courbet, Manet, Degas, Sorolla, Sargent, Signac, Van Gogh y Picasso, entre otros, ilustran ese concepto artístico que se forja a mediados del siglo XIX, entre el Romanticismo y el Realismo.

El Romanticismo valoró por encima de todo la libertad creativa del artista, aunque conllevase el fracaso ante el público o su marginación social. La pintura, la literatura, la prensa, la canción, la ópera y el cine contarán las historias de jóvenes talentos, condenados a vivir en la miseria para defender su arte. Estas historias se nutrirán del imaginario colectivo en torno a los gitanos y los vagabundos, que compartirán con los artistas su necesidad de vivir de forma más libre y verdadera. La vida bohemia se convierte así en uno de los grandes mitos de la modernidad.

A mediados del siglo XIX muchos jóvenes artistas rechazan las reglas, son rechazados por el sistema académico y se refugian en las buhardillas y tabernas de París. Incomprendidos por la crítica, compartirán con los tradicionales bohemios una marginalidad y una miseria que será, poco a poco, mitificada como garantía de libertad artística y espiritual.


La Bohème y Montmartre.
La popularización de la bohemia vino gracias a “Escenas de la vida bohemia”, de Henri Murger, publicada en fascículos en Le Corsaire-Satan entre 1845 y 1849, y su posterior puesta en escena en 1896, en la famosa ópera de Puccini, “La Bohème”, que consagra de manera definitiva el pequeño mundo de los cafés, de los aspirantes a pintor y de los poetas debutantes.

“Ma Bohème”, de Rimbaud muestra la vida errante como el camino de la creación artística. Un par de botas de Van Gogh, se convierte en su testimonio más evidente.


A finales del siglo XIX, la bohemia se identifica con Montmartre. La Butte se convierte en el centro de la vida artística nocturna en torno al cabaret Chat Noir, Le Lapin Agile y el Moulin de la Galette. Todos los artistas sienten su influjo. También los artistas españoles se sentirán profundamente atraídos por este mundo creativo, sublime y melancólico.


El mundo gitano.
Desde su llegada a Europa hacia 1420, los gitanos ejercieron una enorme fascinación entre pintores y escritores. Numerosos mitos y leyendas popularizaron tópicos en torno a este colectivo. Un ejemplo puede ser “La Gitanilla” de Miguel de Cervantes. Muchos artistas trataron a las gitanas como personajes pintorescos que anunciaban el cortejo. En la obras de Teniers, Morland o Gainsborough vemos paisajes donde los gitanos ayudaban a poner la nota pintoresca pero, además, encarnaban una nueva armonía entre el hombre y la naturaleza.

A partir de Courbet y Manet, la presencia de las clases marginadas en el arte resulta cada vez más frecuente. Este tema permitía a los realistas escapar de la estrecha jerarquía de los géneros académicos.

John Singer Sargent “Campamento gitano”, 1913

Durante el Romanticismo los temas españoles cobraron un enorme prestigio entre los artistas de París. Buena muestra de esta tendencia son las dos obras de John Singer Sargent “Campamento gitano” y “El baile español”, que muestran la fascinación por nuestro país.

Van Gogh, "Campamento gitano cerca de Arlés", 1888

El mito de la gitana se impuso durante el siglo XIX como símbolo de provocación, libertad y sexualidad. En la exposición se pueden ver obras míticas en las que la imagen de la gitana adquiere matices que se alejan de los estereotipos sociales.

jueves, 7 de febrero de 2013

ROGER VAN DER WEYDEN


Francisco Amillo Alegre


En nuestra reunión del miércoles 6 de marzo vimos la segunda parte de la charla sobre el genial pintor Roger van der Weyden. Os presento  un resumen de la charla que se centra sobre todo en la biografía del artista. Al final de esta entrada encontrarás un  enlace. Pinchando en él podrás ver las imágenes que vimos en la charla. Los que no pudieron acudir tienen la posibilidad de verlas allí.

 Espero vuestros comentarios.





Al igual que sucede con la mayoría de pintores de la escuela de los Primitivos Flamencos, desconocemos muchos datos de la biografía de Roger van der Weyden, especialmente de la primera parte de su vida. El catálogo de su obra presenta también dudas y problemas.
  
Nacido en Tournai (ciudad francófona belga)  hacia 1399 o 1400, su nombre era Rogier de la Pasture y su padre, Henri de la Pasture, era cuchillero según algunos autores  y escultor según otros.

En 1426 Weyden residía en Bruselas y estaba casado con Isabel Goffaerts, hija de un zapatero de esta ciudad.
  
En 1427, a los veintiocho años de edad, casado y con un hijo, entró como aprendiz en el taller de Robert Campin en Tournai. No era normal entrar a esa edad en un taller gremial sino sobre los doce o catorce años. Es posible que tuviese conocimientos artísticos adquiridos junto a su padre que posiblemente era escultor. En ese caso lo que pretendería sería obtener su título de maestro para poder montar su propio taller. En 1423 se había establecido la norma de que cualquiera que quisiera obtener su maestría franca en una ciudad debía pasar por un aprendizaje de al menos cuatro años junto a un maestro. Weyden cumplió este requisito gremial y así en 1432 pudo abandonar el taller de Campin siendo ya el «Maistre Rogier».

No existe ninguna noticia entre 1432 y 1435, pero es muy probable que residiera en Lovaina ya que el Gremio de Ballesteros de esta ciudad le encargó El Descendimiento (Prado) hacia 1434-1435 para la iglesia de Nuestra Señora Extramuros. Molanus (1553-1585) le denomina «Pictor et cives Lovaniensis».

El 21 de abril de 1435 se instaló en Bruselas con su mujer y sus dos hijos en una casa cerca del barrio de los orfebres. En marzo de 1436 es ya pintor oficial de la villa y cambió su nombre francés «de la Pasture» por el equivalente flamenco: «van der Weyden».

Entre 1439 y 1441 realizó una de las obras que le dieron más fama, Justicias de Herkenbald y de Trajano, que por desgracia se quemó en un incendio del Ayuntamiento en 1695. Podemos suponer cómo era gracias a que fue reproducido en un tapiz conservado en Berna (h. 1460-1470) ya que formó parte del botín de guerra que los suizos arrebataron a Carlos el Temerario tras la batalla de Grandson.
  
En estos años realizó el Tríptico de Miraflores (Staatliche Museen, Berlín), que el rey Juan II de Castilla  regaló en 1445 a la cartuja de Miraflores (Burgos) recién fundada. Eso significaba que era un pintor cuyo prestigio había traspasado las fronteras de su país.

En 1448 su hijo Cornelio entró en la cartuja de Scheut a la que regaló la Crucifixión de El Escorial, así llamada porque el sitio donde actualmente se conserva. La cartuja la había vendido a Felipe II en 1555 a recibiendo dinero y una copia.

En 1450 viajó a Italia para ganar el jubileo romano. El estilo renacentista no le impresionó, si bien su pintura acusará préstamos en lo compositivo.

En 1460, Bianca Maria Sforza envió a su pintor Zanetto Bugatto a Bruselas para que conociera junto a Weyden las características de la pintura flamenca. Regresó a Italia tres años después y la duquesa escribe una carta de agradecimiento a «Rugerio de Tiurnay pictori in Burseles». Es excepcional que un italiano ya formado viajara a Flandes y una señal de hasta qué punto Weyden era un artista muy reconocido.

En 1462 él y su mujer entraron en la cofradía de la Santa Cruz, en la que se agrupaban las personas más significativas de la sociedad de Bruselas. Por esta causa, después de su muerte, se celebraron misas en su memoria en la capilla Saint-Jaques-sur-Coudenberg.

Según los libros de cuentas de la corporación de pintores de Tournai murió en 1464. En dichos libros se le sigue considerando nativo de Tournai y se le llama Roger de la Pasture.


Estilo.
Weyden había heredado el sentido plástico de de su maestro Robert Campin, y realizó un arte de notable expresividad  que enlazaba con la mentalidad de la llamada "devotio moderna". Por eso sus composiciones calaron en la sensibilidad de la época y se copiaron e imitaron durante muchos años. Un ejemplo es la Virgen con el Niño del Museo del Prado de la que había cinco copias en Castilla.
Como pintor flamenco  su estilo se caracteriza por la atención a los detalles, el vivo colorido y el realismo. Como nota propia destaca el dramatismo de sus escenas.
Weyden introduce el paisaje en muchos de sus cuadros. Es un paisaje ejecutado según las normas de su escuela flamenca, es decir, sin apuntes del natural, con estereotipos como rocas, aristadas y sin vegetación, ciudades en la lejanía con torres,  árboles redondeados o en forma de pluma y troncos delgados...
Weyden influyó en muchos artistas de su entorno, como Hugo van der Goes, Hans Memling o Petrus Christus. 


El pintor de la corte de Borgoña.
Fue notable retratista y en 1441, tras la desaparición de Jan van Eyck, el pintor oficial del duque Felipe el Bueno, comenzó a realizar encargos de la corte borgoñona hasta 1459. Se trataba de retratos "oficiales" que debían mostrar la elevada categoría social del personaje. Aunque consta que realizó un retrato de Felipe el Bueno no se conserva ningún ejemplar de su mano. Hay algunas réplicas que se atribuyen a su taller. Como era usual en la época el maestro realizaba un boceto de la cara y el pecho y los detalles más importantes y dejaba a los miembros del taller el acabado. Esta forma de proceder explica las variaciones en la calidad del trabajo.

Como la mayoría de los artistas de su época no se dedicó sólo a la pintura. También realizó libros de miniaturas, aunque el único atribuido con certeza es el de las Crónicas Hainaut. Parece ser que recibió encargos para realizar o policromar algunas esculturas.

Uno de sus encargos más importantes fue El Juicio Final (hacia 1445-1449), encargado por el canciller Nicolás Rolin para el Hospital de la ciudad de Beaune que él había fundado.
También destaca el Retablo de los Siete Sacramentos realizado por encargo de Jean Chevrot, obispo de Tournai y presidente del Consejo del duque.

viernes, 1 de febrero de 2013

Presentación del libro "La sacerdotisa íbera" de Miguel Llopis Cartagena.

Por Francisco Amillo Alegre


 El próximo día 8 de febrero, a las 20 horas, en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Benidorm tendrá lugar la presentación de una novela histórica publicada por Miguel Llopis Cartagena, un reputado urólogo de nuestra localidad.

Conocí a Miguel hace ya muchos años, hacia 1983, y fue precisamente porque coincidimos en una manifestación de protesta para evitar que se urbanizara el gran yacimiento ibérico del Tossal de la Cala. No conseguimos nuestro objetivo y ahí se alza la urbanización Montbenidorm para recordarnos que las autoridades del momento sucumbieron a las tentaciones especuladoras y arruinaron un valioso yacimiento arqueológico.

Posteriormente hemos coincidido en conciertos y exposiciones. Tanto Miguel, como su esposa Rosa, que se dedica a la enseñanza y hemos sido compañeros de Instituto, tienen grandes inquietudes culturales.

Por eso no me sorprendí demasiado el día en que Miguel me dijo que estaba escribiendo una novela ambientada en la época íbera. Y sin embargo debería haberme sorprendido porque es poco habitual que un urólogo pueda combinar su trabajo  en las "partes bajas" de los varones con el buceo en las procelosas aguas de la historia de nuestros antepasados de los siglos IV y III antes de Cristo que vivían en la Contestania, que es como se denominaba en aquella época al territorio que nosotros habitamos.

Miguel empezó su libro sabiendo algo, no mucho, sobre el mundo ibérico. Pero su amor a la cultura, su fino sentido de la observación y su capacidad de establecer causas y consecuencias (cosas que le vienen de su profesión médica) hicieron que acabara  conociendo con profundidad esta cultura y le dio un enfoque nuevo. No se fijó tanto en cronologías, cerámicas  o estilos, sino que atendió a las personas (de nuevo aparece el médico) y se preocupó por cómo eran sus casas, sus vestidos, sus comidas, sus fiestas, sus trabajos, sus creencias religiosas, sus temores, sus odios,sus paces, sus guerras...


Todo esto queda reflejado de manera admirable en este libro que sí, es una novela histórica porque los protagonistas y sus peripecias son inventados. Pero el escenario en que se mueven ha sido minuciosamente investigado y todos los elementos materiales, culturales y espirituales que nos describe responden a datos escrupulosamente recogidos en libros de arqueología y en consultas a expertos arqueólogos. Por eso es también un libro de historia.
Miguel ha seguido aquella vieja norma pedagógica (¿influencia de Rosa?) de "enseñar deleitando" y a la par que nos entretiene, intriga y conmueva con sus personajes, nos permite conocer en profundidad aquel fascinante período histórico.

No puedo resistirme a copiar un fragmento del texto de Solveig Norström que podréis encontrar en la contracubierta del libro: "La vida de aquella gente era dura. Siempre había peligro de guerra y homicidio. Pero supieron aprovechar los ratos libres de miedo y tristeza. Bailaron, cantaron y tocaron instrumentos como se ilustra en la cerámica ibérica. Y comian..., el libro abunda en descripciones detalladas de sus comidas, siempre condimentadas con las hierbas de nuestras montañas iberas."

La sacerdotisa íbera es una novela histórica que a mí, profesor de historia, me ha entusiasmado y que estoy seguro que entusiasmará a todos los que la lean. La agilidad narrativa, la intriga y la profunda humanidad que Miguel ha sabido transmitir, cautivarán al lector. Y para los que somos o vivimos en esta zona tiene un encanto añadido: la acción se desarrolla en Alcoy, Campello y Elche, aunque Miguel utiliza sus nombres arqueológicos: la Serreta, la Illeta e Ilici.

  

jueves, 31 de enero de 2013

AGORABEN: Charla del 30-1-2013

Luis Cernuda o el morador de entresueños.


Por Esperanza Rodríguez

[El  día 30 de enero tuvimos la habitual reunión de los miércoles. La profesora Esperanza Rodríguez, con su habitual pasión por la literatura, nos impartió la segunda parte de su charla  sobre el gran poeta Cernuda. Lirismo, humanidad, sufrimiento... fueron muchos los sentimientos y las vivencias que suscitaron entre nosotros sus emocionadas palabras. 
Como resumen de su charla nos ha enviado el texto siguiente. Y como hermoso colofón, un precioso poema de un alma atormentada... ]



Resulta conmovedor contemplar las fotos de Luis Cernuda, pasar las páginas de La realidad y el deseo, tantas veces leídas y releídas, tan prolijamente anotadas… Recordar fragmentos de sus prosas poéticas. Todo nos incita a pensar en una vida de soledad, gastada en un duro combate entre una realidad esquiva y el sueño acariciado que deviene,  finalmente, en quimera: el desencanto de quien ha entregado su vida al sueño de la poesía. Porque la poesía es el gran tema de Luis Cernuda: su vida consagrada a esta extraña y extravagante épica de servir a la señora y dueña de la palabra. Enamorado trovador. Figura trágica de un inocente Marsias desafiando a Apolo. Fingidor de sí mismo, como escribiera Pessoa, la poesía es para Cernuda el único espejo verdadero. Pone su dolor enfrente, su materia de amor, y lo destila en versos de pura y alta graduación. 

Luis Cernuda es el último gran romántico de la poesía española: fiel a la tradición, exhibe su alma astillada y, al mismo tiempo, cuida el tono con un pudor contenido que  adensa la emoción poética. Cernuda se quiso y se soñó a sí mismo romántico; y en torno a ese mito del poeta concebido como un héroe, que cumple su destino dando voz a las bocas mudas de los otros, construye también una leyenda. Una leyenda que, aun atestiguando en sus últimos versos que era negra y que caía como sombra sobre su persona, no es, sin embargo, y ya transcurridos casi cincuenta años de su muerte, tan amarga: hoy leemos en Cernuda al gran poeta, y así lo reconocemos como uno de los más grandes creadores en la poesía española del siglo XX. Pero también extraemos en la lectura de su obra una lección vital: la defensa de la dignidad del hombre en cualquier circunstancia. Y las suyas nunca fueron fáciles.
 
Morador de entresueños, como se vio a sí mismo en un poema, le descubrimos al ir dibujándose en sus versos. Dueño de una sensibilidad extrema y de una extraordinaria delicadeza interior, que dulcifican siempre la amargura, su poesía es fiel reflejo de su vida. Octavio Paz definió su obra poética como una autobiografía espiritual. No encontraremos anécdotas en ella sino el decurso de una interioridad rica en matices, habitada por  escalas de  luces y sombras y músicas que van de la canción alada al seco y denso monólogo reflexivo. Una vida transformada en poesía.
 
¿Quién dijo, pues, difícil? Que fuera un hombre de carácter hosco. Difícil su vida, difícil defenderla; tan frágil y movedizo su destino poético, al que entregó su deseo, su sueño; la realidad clara e intangible le que no lograba alcanzar… Qué extrañas sus fotografías, contempladas hoy: qué timidez alegre y esperanza en las poses de joven que ingresa en la vida, qué fingidor de finuras, qué excelente disfraz para llanto… Y qué bella la quimera en el rostro del hombre envejecido, disuelto ya en el mundo: esa figura que arrastra ya con tanta dignidad la corriente…

No sé, si como dice el verso el de Mallarmé, la eternidad que desvela la muerte, le cambió, al fin, en sí mismo. Pero sí es seguro que la poesía hizo al hombre. 



LA GLORIA DEL POETA
Demonio hermano mío, mi semejante,
Te vi palidecer, colgado como la luna matinal,
Oculto en una nube por el cielo,
Entre las horribles montañas,
Una llama a guisa de flor tras la menuda oreja tentadora,
Blasfemando lleno de dicha ignorante,
Igual que un niño cuando entona su plegaria,y burlándote cruelmente al contemplar mi cansancio de la tierra.
Más no eres tú,Amor mío hecho eternidad,
Quien deba reír de este sueño, de esta impotencia, de estacaída,
Porque somos chispas de un mismo fuegoy un mismo soplo nos lanzó sobre las ondas tenebrosas
De una extraña creación, donde los hombres
Se acaban como un fósforo al trepar los fatigosos años de[sus vidas.Tu carne como la mía
Desea tras el agua y el sol el roce de la sombra;Nuestra palabra anhelaEl muchacho semejante a una rama florida
Que pliega la gracia de su aroma y color en el aire cálidode mayo;
Nuestros ojos el mar monótono y diverso,
Poblado por el grito de las aves grises en la tormenta,
Nuestra mano hermosos versos que arrojar al desdén de los hombres.
Los hombres tú los conoces, hermano mío;
Mírales cómo enderezan su invisible corona
Mientras se borran en las sombras con sus mujeres al brazo
Carga de suficiencia inconsciente,
Llevando a comedida distancia del pecho,
Como sacerdotes católicos la forma de su triste dios,
Los hijos conseguidos en unos minutos que se hurtaron alsueño
Para dedicarlos a la cohabitación, en la densa tinieblaconyugal
De sus cubiles, escalonados los unos sobre los otros.
Mírales perdidos en la naturaleza,
Cómo enferman entre los graciosos castaños o los taciturnosplátanos.
Cómo levantan con avaricia el mentón,
Sintiendo un miedo oscuro morderles los talones;
Mira cómo desertan de su trabajo el séptimo día autorizado,
Mientras la caja, el mostrador, la clínica, el bufete, eldespacho oficial
Dejan pasar el aire con callado rumor por su ámbito solitario.
Escúchales brotar interminables palabras
Aromatizadas de facilidad violenta,
Reclamando un abrigo para el niñito encadenado bajo el soldivino
O una bebida tibia, que resguarde aterciopeladamente.
El clima de sus fauces,
A quienes dañaría la excesiva frialdad del agua natural.
Oye sus marmóreos preceptos
Sobre lo útil, lo normal y lo hermoso;
Óyeles dictar la ley al mundo, acotar el amor, dar canon ala belleza inexpresable, Mientras deleitan sus sentidos con altavoces delirantes;
Contempla sus extraños cerebrosIntentando levantar, hijo a hijo, un complicado edificiode arena
Que negase con torva frente lívida la refulgente paz de las estrellas.
Esos son, hermano mío,
Los seres con quienes mueren a solas,
Fantasmas que harán brotar un díaEl solemne erudito, oráculo de estas palabras mías antealumnos extraños,
Obteniendo por ello renombre,
Más una pequeña casa de campo en la angustiosa sierrainmediata a la capital;
En tanto tú, tras irisada niebla,
Acaricias los rizos de tu cabellera
Y contemplas con gesto distraído desde la altura
Esta sucia tierra donde el poeta se ahoga.
Sabes sin embargo que mi voz es la tuya,
Que mi amor es el tuyo;
Deja, oh, deja por una larga noche.
Resbalar tu cálido cuerpo oscuro,
Ligero como un látigo,
Bajo el mío, momia de hastío sepulta en anónima yacija,y que tus besos, ese venero inagotable,
Viertan en mí la fiebre de una pasión a muerte entre los dos;
Porque me cansa la vana tarea de las palabras,
Como al niño las dulces piedrecillas
Que arroja a un lago, para ver estremecerse su calma
Con el reflejo de una gran ala misteriosa.
Es hora ya, es más que tiempo
De que tus manos cedan a mi vida
El amargo puñal codiciado del poeta;
De que lo hundas, con sólo un golpe limpio,
En este pecho sonoro y vibrante, idéntico a un laúd,
Donde la muerte únicamente,
La muerte únicamente,
Puede hacer resonar la melodía prometida.


Podrás oir la voz de Cernuda aquí: