sábado, 31 de agosto de 2013

Eros y Psique o el triunfo del amor a pesar de la debilidad humana, los celos y las envidias.



Francisco Amillo


Queridos amigos de Agoraben. Pasado el verano y su beneficioso relax, volvemos a nuestras actividades, entre ellas este blog. 

Continuando con la serie de artículos sobre el concepto del amor en el mundo clásico y su plasmación en la Historia del Arte, hoy os propongo un cuento sobre el dios Eros y la princesa Psique o Psiquis.
Aunque aparecen dioses, no es un relato mitológico en sentido estricto, sino una ficción literaria. Está sacado del libro “Metamorfosis” o “El asno de oro” de Apuleyo, un escritor romano del siglo II. Pero refleja igualmente, de manera genial, la mentalidad y los principios morales de la antigüedad clásica. Una novela que vale la pena leer o releer.
1 “Psique y Amor”, cuadro del pintor neoclásico François Gerard, de 1798, también conocido como “Psique Recibiendo el primer beso de Cupido”. Una mariposa revolotea sobre ella y según este autor es un símbolo de la inocencia un momento antes de su despertar sexual. Aunque el Neoclasicismo admiraba el mundo clásico, tenía una visión diferente sobre la sexualidad femenina, más restrictiva y puritana que la de los antiguos griegos o romanos para los que el placer sexual femenino era algo bueno y deseable. En la novela de Apuleyo hay abundantes ejemplos. 


La historia de Eros y Psique no forma parte de la trama de la novela. Es un añadido que se podría quitar perfectamente y su argumento no se resentiría en absoluto aunque, eso sí, nos perderíamos un hermoso relato. Por eso os lo puedo contar sin necesidad de resumir el resto del libro.

Se trata de una historia, más bien un cuento, que una anciana, madre de unos ladrones, narra a una joven que había sido secuestrada por sus hijos y esperaba, toda intranquila, su liberación. El cuento embelesó a la joven y le relajó la espera, tal como pretendía la compasiva anciana. Pero, casi dos mil años después, nos sigue embelesando también a nosotros. Si quieres leerlo completo, puedes hacerlo a partir de su comienzo en el apartado 28 del Libro IV y sigue en los libros V y VI. En internet es fácil encontrar varias traducciones de esta importante novela. 

Respecto a los personajes del cuento, Psique aparece en su forma griega mientras que el resto de divinidades son denominadas en su forma latina. Así Apuleyo habla de Cupido y no  de Eros, de Venus y no de Afrodita, de Júpiter en vez de Zeus… Sin embargo en la Historia del Arte casi nunca se utiliza la forma Cupido, sino Eros y esa es la que yo utilizaré en este artículo.

Los textos en cursiva y entre comillas pertenecen a la traducción realizada por  Jacinto de la Vega y Marco (Valencia-Madrid, 1909). Hay disponibles en la red otras traducciones más modernas y por tanto sometidas a derechos de autor.

El relato comienza como todos los cuentos: “Había en una ciudad un rey y una reina que tenían tres hijas”. No se dice cuál era esa ciudad, ni la época y de los cinco miembros de la familia sólo nos da el nombre de Psique. Una ambigüedad típica de los cuentos.

Las dos hijas mayores eran muy hermosas, tanto que su padre logró casarlas enseguida con otros reyes. Fueron buenos matrimonios que llenaron de orgullo al rey. 


2 “El rapto de Psique” de William-Adolphe Bouguereau, 1895. Cuadro al óleo de 209 × 120 cm. Colección privada. El gesto y la expresión del rostro de Psique muestran la felicidad y el éxtasis del amor (espiritual y físico) que ha descubierto junto a Eros.  Las alas de mariposa indican, según el autor, que Psique ha alcanzado la inmortalidad. Las alas de Eros son pequeñas, ligeras “del color de la rosa y el lirio” según Apuleyo y el autor ha sabido captar de forma magistral su delicadeza, irisaciones y brillos. 



El caso de la hija pequeña fue muy distinto. Resultó ser tan inmensamente hermosa que no había palabras suficientes para expresarlo. Las gentes la reverenciaron por ello y la consideraron divina, pues su belleza era sobrehumana. “Llevábanse la diestra mano a los labios, y con el índice atravesado sobre el pulgar se arrodillaban a sus pies para adorarla con religioso respeto, exactamente como si fuese la propia Venus.” Como podéis observar nuestro rito religioso de besar el pulgar y el índice en forma de cruz tiene un origen muy antiguo.

Volviendo a Psique, todos la reverenciaban y literalmente la adoraban. Venían desde muy lejos, desde los más remotos confines de la Hélade, a contemplar su inmensa belleza. Pero ningún pretendiente, ni siquiera los reyes, se atrevían a pedir su mano, con gran consternación de sus padres. 

Y al adorar a Psiquis las buenas gentes descuidaron a Venus, diosa de la belleza y el amor. Sus sacrificios se fueron espaciando, sus templos deteriorando y sus estatuas estaban sin coronas. Las prostitutas sagradas, que ejercían voluntariamente el oficio más viejo del mundo y entregaban sus beneficios a la diosa, dejaron de acostarse en los lechos sagrados…
Venus se enfureció sobremanera y ya sabemos lo crueles y rencorosas que eran las diosas con quien tomaban ojeriza. Encargó a su hijo Eros, el que lanza las flechas del amor, que “la enamorase del más feo, cruel y pésimo de los hombres, de modo que no pudiera encontrar en todo el mundo a nadie comparable en desdichas con ella.

Mientras en el Olimpo se conspiraba contra Psique en la tierra su padre, preocupado por no poder casarla y temiendo que fuese a causa de alguna divinidad, consultó el oráculo de Apolo. La respuesta del dios resultó terrible para el pobre rey: 

En la roca más alta del monte, rey, coloca a tu hija
para una boda funeraria vestida y adornada.
Y no esperes un yerno de estirpe mortal nacido,
sino cruel, malo como una serpiente y fiero,
que a todos atormenta volando por el cielo,
todo debilita a sangre y fuego,
por quien tiembla el propio Júpiter,
y las divinidades, y los ríos, y las tinieblas Estigias.

Las respuestas del oráculo siempre eran confusas, y admitían varias interpretaciones. En la ciudad de Psique todos entendieron que el esposo que los dioses le destinaban sería un monstruo que la devoraría. Pero leyendo el vaticinio con atención observamos que fue una interpretación equivocada… algo frecuente en los oráculos griegos. Al final del cuento, cuando Júpiter describe a Eros de una forma similar, es cuando entendemos el verdadero significado del vaticinio.

La respuesta de Apolo acongojó a toda Grecia y todos lamentaron sinceramente su destino. Su padre se resistió a aceptarlo pero finalmente no tuvo más remedio que obedecer los designios del dios e inició los preparativos de una boda que en realidad sería un funeral.  “Se decoró todo con motivos funerarios, se encendieron débiles antorchas ennegrecidas con ceniza, la flauta cambió su tonada nupcial por el quejumbrosos modo lidio, y el alegre canto himeneo acabó en un lúgubre aullido. Una vez todo dispuesto, comenzó el funeral para un vivo: una lacrimosa Psique, acompañada por todo el pueblo, marchaba no a su boda sino a su entierro en medio de la tristeza de sus padres.” Todos sabían que había sido la envidiosa Venus la causante de sus desdichas, pero los mortales no tenían más remedio que aceptar las veleidades divinas…
3 “El cortejo nupcial de Psique” de Edward Burne Jones (1833-1898) un pintor del movimiento británico de los prerrafaelitas. Reproduce magistralmente la tristeza de esta ceremonia nupcial que todos consideraban un funeral.



Por fin llegaron a la cima del monte y allí la abandonaron, marchando todos apresuradamente para no alargar su pena. Quedó sola, temblando de miedo y llorando tan copiosamente que sus lágrimas apagaban las antorchas. Psique esperaba la inminente llegada del monstruo que la devoraría…

Pero las cosas no sucedieron así. De repente, una suave brisa, o sea el dios Céfiro, la tomó con delicadeza y la transportó a un valle maravilloso tapizado de fresco y mullido césped y esmaltado con florecillas de mil colores. La blandura del lecho de hierba, el susurro del agua de los cristalinos arroyos, el suave rumor de Céfiro entre las hojas y el trino de jilgueros y ruiseñores en los árboles convidaban al descanso. Sus sonidos y aromas la relajaron y la dejaron dormida, arrullando su sueño después de tan intensas emociones. 
4 “Psique recogida por Céfiro”,  1739. Pintura de Charles-Joseph Natoir en el techo del Hôtel de Soubise, París.  El autor realizó 8 composiciones narrando la historia de Eros y Psique.


Este giro tan inesperado de los acontecimientos tenía una explicación: Eros, al intentar cumplir la orden de su madre, había visto la belleza sobrehumana de Psique, quedó profundamente enamorado de ella y decidió desobedecer a Venus. 
5 “Historia de Psique” Primer panel: “Cupido volando queda impresionado por la belleza de Psique” cuadro de estilo Simbolista de Maurice Denis, 1908. Museo del Hermitage. El autor resucita aquí un convencionalismo muy antiguo, usado ya en el antiguo Egipto: pintar a las mujeres de un color muy claro y a los hombres de un color bronceado. Durante siglos la blancura del cuerpo femenino fue considerada de gran belleza.

Cuando Psique despertó divisó un hermosísimo palacio y se dirigió a él. “Este palacio no parecía obra humana sino de factura divina, pues sin duda había de ser refugio de algún dios: los mosaicos de piedras preciosas formaban todo tipo de dibujos en el pavimento; por todas partes brillaba el oro con tanto fulgor que allí no era necesario el sol para iluminarlo: era suficiente luz el brillo de las habitaciones, de los pórticos y de las mismas puertas.

Unos seres invisibles, de los que sólo oía sus voces, le dieron la bienvenida y le indicaron que a partir de ahora ese era su palacio y que ellos estaban para servirla en todo lo que necesitase. Así que la bañaron, vistieron y obsequiaron con un exquisito banquete donde la enorme calidad de las viandas rivalizaba con la maravillosa excelencia de sus bebidas. No se veían músicos ni cantores, pero en el aire sonaba música de cítara acompañando hermosísimos cantos.


6 “Psique servida por espíritus invisibles” de Luca Giordano. Según Apuleyo: “Vinos deliciosos como néctar, platos variados y abundantes manjares, se presentaron a sus manos, sin que apareciera figura humana, alguna: como traídos por un hálito oculto.”


Concluida la cena se retiró a su habitación. Al poco rato un ruido la sobresaltó. La estancia estaba oscura pero adivinó que había llegado su esposo a consumar el matrimonio. Ella ignoraba que se trataba de Eros y por eso estaba “temblando por su virginidad en medio de tal aislamiento, sintió miedo y espanto. Y más que las desgracias que pueden afligirla, la turba el desnudarse.

Pero Eros había aprendido de su madre todos los secretos del arte del amor y los temores de Psique a la postre resultaron infundados. Sus delicadas caricias, sus dulces besos y  sus apasionadas palabras obraron un efecto embriagador y la joven esposa tuvo una maravillosa iniciación en el arte del amor, una iniciación divina. Fue una noche de éxtasis intenso y prolongado, sabiamente administrado por las expertas manos de Eros. Finalmente quedó profundamente dormida, ebria de felicidad. 

Su única contrariedad vino al amanecer: su tierno esposo, que había despertado en ella sensaciones, sentimientos y emociones que jamás había imaginado que podría sentir, había desaparecido. Estuvo ausente todo el día, pero acudió otra vez por la noche, cuando el palacio estaba ya a oscuras.

Y así, llenos de felicidad, siguieron los días y las noches de Psique, plenos de gozo pero siempre sin poder conocer el aspecto de su marido porque desaparecía antes del amanecer. 

Sin embargo el ser humano se acostumbra rápidamente a lo bueno y Psique empezó a notar que necesitaba el calor del contacto humano, cansada ya de un palacio tremendamente lujoso pero con sirvientes invisibles y un marido al que podía hablar y tocar pero no ver y que además la abandonaba durante el día. “¿Cómo vivir encerrada, enclaustrada en esta cárcel?  ¿Qué le importaban riquezas y agasajos, si se veía privada del trato con los demás mortales?

Pronto Psique añadió otro elemento más a su disgusto. Una noche Eros le informó que sus ancianos padres estaban tan tristes por su supuesta y trágica muerte que su dos hermanas habían abandonado sus reinos para ir a consolarlos. Las dos hermanas subirían a lo alto de la montaña y Psique oiría sus voces pero debería ignorarlas porque en caso contrario una terrible desgracia caería sobre ella y un gran dolor invadiría a su marido. 

Psique se pasó todo el día siguiente llorando, sin bañarse, sin acicalarse y sin probar alimento. Y por la noche con más lágrimas, muchas caricias, amenazas de suicidio y promesas logró arrancar de su marido el permiso para que Céfiro trajera a sus hermanas a palacio. Pero Eros puso una condición: bajo ningún concepto debía seguir los consejos de sus hermanas. Y si no quería hacerlo por él, debería hacerlo por el niño que estaba creciendo en su vientre, que podría acabar siendo un dios si seguía sus instrucciones.

Y así  fue como Psique, habiendo usado todos sus recursos de mujer para salirse con la suya, recuperó de repente la alegría y su vida volvió a parecerle maravillosa. Saberse embarazada la llenó de enorme gozo y más teniendo en cuenta que iba a ser la madre de un dios…

Al día siguiente Céfiro trajo al palacio a sus hermanas. Ella las recibió con gran alegría, les contó cómo era su vida en palacio, las obsequió con un banquete espléndido y las llenó de oro y joyas. 
7 “Psique mostrando a sus hermanas los regalos de Eros”  de Jean-Honore Fragonard, 1753.


Pero sus hermanas no se alegraron de su bien. Al contrario, se llenaron de envidia. Se quejaban de que sus palacios parecían chozas al lado del suyo y sus maridos, viejos y achacosos, no podían proporcionarles las arrebatadoras noches de placer intenso que Psique recibía del suyo. Y los regalos no los consideraron como muestra del amor fraternal sino del orgullo y la presunción pues les echaba en cara su  triste realidad cotidiana.
Por eso decidieron ignorar el ruego de Psique de contar a sus padres la suerte que había tenido para que así se consolasen. Y sabiendo por su inocente hermana que sus consejos le traerían desgracias, decidieron embaucarla mediante el miedo. 
Le dijeron: “Tú vives contenta y feliz en tu ignorancia, desconoces el peligro que te amenaza. Pero nosotras, que con no interrumpido celo pensamos en tu porvenir, vivimos cruelmente atormentadas por los peligros que te rodean. Efectivamente, hemos sabido (sin caber duda alguna) un secreto que nos es imposible ocultarle […] Una enorme serpiente de mil abultados repliegues, cuya garganta está repleta de terrible veneno y que abre unas fauces de profundidad aterradora; he aquí el esposo que por la noche descansa furtivamente a tu lado. Acuérdate del oráculo de la pitonisa que proclamó que estabas destinada a casarte con un cruel monstruo. Los campesinos, los cazadores de la comarca, y casi todos los de la ciudad, le han visto […] Según todos afirman […] el día en que llegará a término tu embarazo, te devorará con tu delicado hijo.

Para conjurar este peligro le aconsejaron que escondiese un afilado cuchillo y una lámpara de aceite. Y por la noche, cuando su esposo estuviese dormido debería encender la lámpara y asestar un certero golpe con el cuchillo a la fiera que tenía al lado. 

Y así lo hizo Psique, aterrorizada por el cruel destino que según sus hermanas le esperaba. Escondió lámpara y cuchillo y esperó en la noche a que la serpiente durmiera profundamente. Entonces se levantó a oscuras y buscando la lámpara tocó el carcaj de Eros y se pinchó en el dedo con la punta de una de sus flechas. Al instante quedó inmensa e irremediablemente enamorada de él. Y cuando la luz de la lámpara inundó la sala quedó anonadada: vio el joven más hermoso que podía imaginar, cuya belleza tampoco podía describirse con palabras… Su apuesta cabeza de dorados rizos, su cuerpo de blancura inmaculada, sus alas del color de la rosa y el lirio… Y reconoció a Eros, su marido y el padre del niño que crecía en su vientre. Y ella estaba profundamente enamorada de él. 

El cuchillo le cayó de las manos y empezó a besar el dormido rostro con toda la pasión de su corazón. Con su estremecimiento inclinó la lámpara y una gota de aceite caliente cayó sobre el delicado cuerpo del dios, que despertó por el dolor. “Y al ver que han hecho vil traición a su secreto, remonta el vuelo sin proferir una sola palabra, para escapar de las manos y las miradas de su esposa.
8 “Amor y Psique”, obra del pintor manierista Jacopo Zucchi, año 1589. Psique, al intentar averiguar el aspecto de su esposo, derrama una gota del aceite de la lámpara en el hombro de Eros que se despierta por el dolor.


9 El mismo tema del cuadro anterior con las posibilidades expresivas del mármol. Reinhold Begas, “Eros y Psique”, 1854. Hôtel de Soubise, París.




Psique se agarró a su pierna y Eros la arrastró volando lejos del palacio. Al rato el cansancio hizo mella en Psique y sus manos fueron resbalando hasta que finalmente cayó al suelo. Eros, que seguía profundamente enamorado de ella, procuró que no se lastimase. Se despidió de ella diciendo que su castigo sería no volver a verlo nunca más. 

Psique, desesperada, se lanzó a un río próximo para acabar con su vida. Pero el dios del río, tal vez por compasión o tal vez por quedar bien con Eros, impidió el suicidio y la transportó delicadamente hasta la suave hierba de la orilla.

Cerca de allí, en lo alto de una colina, estaba el dios Pan haciendo sonar hermosas melodías de su flauta de caña mientras apacentaba su rebaño. “Cerca de la orilla jugueteaban las cabras paciendo y retozando sobre la hierba. El dios de los pies de macho cabrío [Pan] vio a Psiquis doliente y abatida. Sabía ya su aventura y llamándola tiernamente le prodigó consoladoras palabras.

Pan tuvo éxito y Psique abandonó su idea de quitarse la vida. En su lugar planeó vengarse de sus envidiosas y taimadas hermanas, responsables de su desgracia. 
Fue primero al palacio de la mayor y le contó la verdad: que siguiendo su consejo, intentó matar al marido pero no pudo porque la luz de la lámpara le reveló que era el dios Eros. A partir de aquí Psique cambió la realidad: cuando una gota de aceite despertó al dios del amor y la vio con el cuchillo, la castigó expulsándola del palacio. Además le ordenó avisar a su hermana que la desposaría a ella en vez de a Psique. Para ello debería acudir a lo alto del monte y lanzarse al vacío como la vez anterior para que Céfiro la recogiese y la llevase ante su nuevo esposo. 

La hermana, cegada por la codicia y la lujuria, creyó todo a pie juntillas. Abandonó a su marido sin dar explicaciones y corrió hasta lo alto del monte. “Llegó jadeante a la roca y, aunque en aquel momento la brisa era contraria, cegada por la impaciencia dijo orgullosa: «Recíbeme Cupido, recibe una esposa digna de ti y tú, Céfiro, conduce a tu soberana.» Y se arrojó con furia al espacio. Pero no llegó al valle. Las angulosas rocas destrozaron su cuerpo y dispersaron sus miembros. Obtuvo la muerte que merecía. Sus dispersas entrañas ofrecieron pasto a las aves de rapiña y a las fieras.”  

Con la otra hermana usó idéntica treta y obtuvo el mismo resultado, completando así su venganza. 

Pero la venganza, una vez consumada, no siempre supone recuperar la felicidad. Eso es lo que le pasó a Psique: enamorada hasta la médula de Eros sólo pensaba en él y sólo soñaba con recuperarlo. Necesitaba verlo, pedirle perdón, acariciarlo, besarlo...
Recorrió toda Grecia en su búsqueda pero su peregrinación resultaba inútil. Nadie conocía su paradero. Hacía tiempo que ya no se le veía y nadie recibía sus dulces y aceradas flechas. 

Y es que Eros, enfermo de amor, estaba en el Olimpo en casa de su madre. Venus no lo sabía porque había decidido pasar un tiempo bañándose en el fondo del mar. Fue una gaviota la que le informó de que su hijo estaba penando de amores. “Venus, encolerizada, respondió: ¡Así, pues, mi excelente hijo tiene ya una querida! Hazme saber […] el nombre de la que ha chiflado a un chiquillo imberbe e inocente. ¿Es alguna de las Ninfas? ¿Alguna Hora? ¿Alguna Musa? ¿Una de las Gracias que están a mi servicio? El locuaz pájaro no se hizo esperar. Señora, le respondió, no lo sé a punto fijo pero creo que es una muchacha que, si mal no recuerdo, se llama Psiquis. Está enamorado de ella locamente.

Es fácil imaginar la cólera de Venus. Se dirigió rápidamente a su palacio y fue Eros el primero en experimentar su indignación: “¡He aquí una honrada conducta, excelente para recomendar mi familia y tu moralidad! ¡Buen principio! ¡Empezar pisoteando las órdenes de tu madre, de tu reina! ¿Por qué no has avergonzado a mi rival con un amor indigno? ¿Y te parece decente que un chiquillo de tu edad la tome por esposa? ¡Eres demasiado joven para querer imponerme una nuera que sea rival mía!

Mientras tanto Psique continuaba su peregrinación y a pesar de que muchos se compadecieron de ella e intentaron consolarla, nadie le pudo ayudar porque el temor a Venus sobrecogía a todos. Eso le llevó a una solución desesperada: “Rodeada por tantos peligros, ¿adónde dirigiré mis pasos? ¿Bajo qué techo ni en qué tinieblas puedo ocultarme para escapar a la sagaz mirada de la poderosa Venus? Es preciso, Psiquis, que te armes de indomable valor. Ten fuerzas bastantes para renunciar a un resto de engañadora esperanza. Entrégate voluntariamente a tu soberana: tu sumisión, aunque tardía, abatirá su cólera y su crueldad, ¿Sabes tú, si aquel que buscas, hace tiempo está acaso en el palacio de su madre?

Venus, pensando que Psique se mantenía oculta de ella, ordenó a su hermano Mercurio que lanzase un público pregón ordenando que quien la encontrara se la entregara. El bando era el siguiente: “Una esclava llamada Psiquis, hija de un rey y perteneciente a Venus, ha escapado. Se suplica al que la detenga o pueda indicar su escondite, que lo prevenga a Mercurio, encargado de la presente publicación, detrás del templo de Venus Murcia. Recibirá, en premio de sus informes, siete dulces besos de la propia Venus y uno especial, más delicioso que los anteriores, dado con la lengua sobre los labios.

El premio era enormemente tentador, nada menos que siete besos de la diosa del amor, creadora y máxima experta de las técnicas amatorias…  ¿quién iba a resistirse a eso? 
Si alguna duda le quedaba a Psique, este bando la persuadió a ponerse inmediatamente en marcha hacia la morada de Venus. Y al llegar ante su presencia entendió al instante que había sido un error esperar que se disiparían su odio y sus deseos de venganza.

Primero mandó a sus criadas que la apaleasen y torturasen de mil maneras diferentes. Pasado un tiempo mandó llevarla ante ella y le dijo: “¡He aquí el vientre cuya plenitud debe encantarme y decidirme a la indulgencia¡ ¡De aquí debe salir el glorioso fruto que me procurará la dicha de ser abuela! ¡Felicidad suprema, en efecto, oírse llamar abuela en la edad más florida y saber que el hijo de una miserable esclava es nieto de Venus! Pero, ¿qué estoy diciendo? Estoy loca. No será mi nieto. El matrimonio es nulo: ha sido consumado en pleno bosque, sin testigos, sin consentimiento de los padres. No debe ser considerado legítimo, y el niño, por lo tanto, es un bastardo. Eso suponiendo que le dejemos tiempo de llegar al mundo.” 

Y tras estas palabras pasó a la acción. Se lanzó sobre ella arrancándole sus vestidos y sus cabellos y golpeándola con furiosa violencia hasta cansarse… Pero ni siquiera este estallido de violencia apaciguó el odio de la rencorosa diosa del amor…

Ordenó a Psique una serie de trabajos imposibles con la esperanza de que sucumbiera en ellos. De todos ellos salió airosa porque su belleza, bondad y su triste historia movieron la compasión de los seres animados e inanimados que le enseñaron cómo debía resolverlos. 
Es la versión femenina de los Trabajos de Hércules, resueltos no por la fuerza física del héroe, sino por la bondad de la heroína.

El último de los encargos fue el peor. Venus se lo ordenó luciendo en su boca una infernal sonrisa, sabiendo que por fin fracasaría: “Veo que eres una hechicera profundamente versada en la ciencia de los maleficios, puesto que tan rápidamente has cumplido mis órdenes. Pero mira, palomita, lo que debes hacer ahora. Toma esta caja y dirígete con ella a los infiernos. Preséntala luego a Proserpina y dile: «Venus suplica que le enviéis un poco de vuestra hermosura, aunque sólo sea la necesaria para un día; porque ella ha gastado toda la suya cuidando a su hijo enfermo.» Y vuelve en seguida sin tardanza porque necesito perfumarme para asistir a una función teatral en la morada de los dioses.

Psique entendió que era su final. Nadie había regresado jamás del Hades, el Orco en latín, el mundo de los muertos. Por eso se dirigió a una torre para lanzarse desde lo alto de ella y acabar con tanto tormento. Era el camino más corto para llegar al Hades.

Pero la torre se compadeció de ella y le aconsejó cómo llegar hasta la entrada del mundo infernal y de las precauciones que debía tomar: “Ante todo, no emprendas tu peregrinación a través de las tinieblas con las manos vacías. Debes llevarte dos tortas de harina de cebada amasada con miel, y un par de monedas en la boca. […] Allá está dispuesto Caronte, que exige adelantado el precio del pasaje y sólo con esta condición transporta a los viajeros de una a otra orilla en su remendada barca. ¡Es preciso que, aun en el seno de la muerte, viva la avaricia! ¡Que el mismo Plutón, poderosa divinidad, no haga nada sin dinero! Es preciso que el pobre deba procurarse el precio del pasaje, y si por desgracia no lleva la moneda, no puede morir apaciblemente. […] Estas y otras celadas te prepara la malévola Venus, para que tus manos dejen caer una de las tortas. Y no creas que la posesión de estas golosinas deba serte indiferente. Con una de las dos que pierdas, ya no podrás ver jamás la luz del día. En efecto, encontrarás un enorme perro, de gigantesca y triple cabeza, monstruo inmenso y formidable. Centinela avisado, guarda la silenciosa morada de Plutón, apartado en el umbral de las galerías de Proserpina. Dominarás su cólera echándole una de las tortas, y así continuarás fácilmente tu camino. Dirígete a Proserpina, que te recibirá dulce y benévola […] Entonces da cuenta de tu mensaje, y tomando lo que ofrezca, emprende tu regreso […] y pronto verás nuevamente el cielo con sus coros de estrellas. Pero hay un consejo, cuya observación te he de recomendar muy especialmente: y es que te guardes de abrir la caja que llevas, este tesoro de belleza divina, oculta cuidadosamente.” 

Psique siguió todos los consejos y recogió la caja cerrada, pagó las dos monedas al barquero Caronte, la entrada y la salida, y dio los dos pastelillos al perro Cancerbero, uno a la entrada y otro a la salida. Pero ya en el exterior, relajada y descansada de tan dura prueba, olvidó el último consejo y eso fue la causa de su perdición.


10 Charles-Joseph Natoire “Psique consigue de Proserpine el elixir de la belleza”


El ser humano nunca tiene bastante. Psique era la más bella de las mujeres pero ansiaba ser aún más bella. Por eso pensó que si abría la cajita y cogía un poco de belleza Venus no lo notaría… Craso error. La diosa contaba con su curiosidad femenina y lo que había dentro no era la belleza. Era el aire del Hades, que mantenía a los muertos sumidos en un sueño eterno. Y eso es lo que le ocurrió a Psique: “desprendiose un vapor letárgico, verdadero sueño de la Estigia, que se apoderó de ella; derramose por sus miembros una nube espesa y soñolienta, y cayó tendida en tierra en mitad del camino. Inmóvil, en el suelo, no era más que un cadáver dormido.

El sueño es hermano de la muerte, decían los griegos. Y el sueño eterno de Psique era casi idéntico a ella…

Este final trágico hubiese sido el más adecuado para un relato mitológico, lo que la mayoría de los lectores esperaba. Pero estamos ante un cuento y Apuleyo sorprendió a todos con un final feliz.

Eros, repuesto de sus heridas, se había escapado volando por la ventana de la habitación en la que estaba encerrado, castigado por su madre. Recorrió la Hélade hasta que vio a Psique tendida en el suelo con la caja al lado y al instante lo entendió todo. Recogió el aire infernal que tenía su amada y lo volvió a encerrar en la caja. A continuación rozó a Psique con la punta de una de sus flechas y la despertó de su sueño. 
11 “Psique dormida en la laguna Estigia”, 1688, de Michelangelo Palloni. Museo Palace en Wilanow, Varsovia. Eros la despierta tocándola con una de sus flechas.



Esto es lo que cuenta Apuleyo. La tradición artística encontró este despertar poco romántico y se inventó el beso de Eros y Psique. Fue Canova, el gran escultor del siglo XVIII, el mejor difusor de esta idea y aunque no se había inventado el Romanticismo, es un despertar más tierno que el imaginado por el novelista romano ya que, según  él, lo único que recibió Psique fue una reprimenda por no haber sabido reprimir su curiosidad y su ansia de belleza.


12 “Psique reanimada por el beso del amor” de Antonio Canova, 1793. Dimensiones: 1'55 por 1'68 m. Se conservan hasta seis versiones de esta obra, siendo las más conocidas las del Louvre y el Hermitage. Técnicamente es una obra difícil por la complejidad de los puntos de apoyo o el escaso grosor de las alas de Eros. Destaca también el elegante entrelazado de los cuerpos con una fluidez y dulzura muy naturales. Contraste entre la piel delicada y brillante de Psique, conseguida mediante un pulido cuidadoso del mármol, y la rugosidad y aspereza de la roca, con un desbastado más tosco.


13 Detalle que permite aprecia el cuidadoso tallado del mármol, su exquisito pulido así como la delicadeza de gestos de los enamorados..




14 Canova nos presenta en esta escultura una imagen idealizada del amor pero también muy humana. Y como buen escultor del Neoclasicismo su obra debía encerrar un mensaje moral: Eros, el amor, despierta de su sueño eterno a Psique, la mente, con un beso. El ser humano tiene una parte intelectual (psique) y una parte afectiva (eros). Cuando ambas se unen y armonizan, la felicidad está asegurada. La ternura de los dos protagonistas así lo manifiesta en esta obra.


15 La misma escultura vista desde otro ángulo. En primer plano el recipiente que contenía el gas que Apuleyo denominó “vapor letárgico, verdadero sueño de la Estigia”. Psique al respirarlo quedó sumida en un sueño eterno. La venganza de Venus contra ella se había consumado y de nuevo fue Eros el que se encargó de hacer fracasar el cruel destino que la rencorosa diosa había decretado para la más hermosa de las mortales.


16 Detalle del modelo en yeso de “Psique reanimada por el beso del amor” de Antonio Canova. Se conserva en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Se aprecian las marcas del sacado de puntos y en los codos unas señales más profundas que corresponden al apoyo de los compases. Era el procedimiento usado para obtener el modelo definitivo en mármol a partir de este modelo en yeso.



Pero despertar a Psique no era suficiente. Debían protegerse de la cólera de Venus. Y la solución que encontró Eros fue genial. 

Viajó hasta el Olimpo y fue al palacio de Júpiter, su abuelo. El rey de los dioses se alegró muchísimo de verlo y besó y acarició a su nieto con gran afecto. Y cuando el joven dios le contó la causa de su visita se compadeció de su cruel destino y decidió ponerle remedio inmediatamente. 


Zeus con su nieto Eros. Fresco de Rafael en la Loggia di Psiche de la Villa Farnesina, Roma. Como todos los abuelos Zeus quería con locura a Eros y decide ayudarlo poniendo fin a la oposición de Venus.

Para ello “ordenó a Mercurio para que convoque inmediatamente todos los dioses a una sesión, declarando que el Inmortal que deje de concurrir sin causa justificada, pagará diez mil escudos de multa. Gracias a este temor, llenose todo el celeste, anfiteatro”. 
Poderos caballero es Don Dinero, así en la tierra, como en el cielo y en los infiernos, condicionando el destino de lo humano y lo divino…

Júpiter les dijo a los dioses que Eros había sido criado por él. “En sus primeras mocedades tuvo movimientos e impulsos de rebelión, por cuyo motivo creí necesario poner freno a sus iniciativas. De algún tiempo acá da que hablar diariamente a todo el mundo y se hace famoso por sus adulterios y desórdenes de todo género. Quiero que no tenga ocasión para repetirlo y para contener este libertinaje de la juventud quiero encadenarle en las leyes del himeneo [=matrimonio]. Se ha enamorado de una muchacha y ha marchitado su inocencia. Sea, pues, para él; que la conserve; que se case con Psiquis y goce eternamente de su afecto.

Y después se dirigió a Venus diciéndole: “Y tú, hija mía, no te entristezcas. Nada temas para la alta alcurnia de tu casa; el matrimonio no será desequilibrado ni ilegitimo; tú figurarás en su celebración, jurídicamente; corre de mi cuenta.

A continuación mandó a Mercurio que trajera a Psique a la asamblea de los dioses. En primer lugar le dio a beber una copa de ambrosía con lo cual la convirtió en inmortal. Y acto seguido declaró que Eros y Psique quedaban unidos en legítimo matrimonio.
El matrimonio de Eros y Psique, obra de Boucher, 1744. Júpiter los une en matrimonio simbolizado por la antorcha que arde encima de ellos. A la derecha de Psique Venus está sentada sobre el carro que le construyó su marido Vulcano y conversa con Marte, su amante. 



Y como no puede haber una buena boda sin un mejor banquete, Júpiter dispuso que se ejecutase inmediatamente en honor de su querido nieto. Eros y Psique, abrazados, ocupaban el lecho principal ya que los romanos acostumbraban a comer recostados en sus “triclinia”. A continuación venía el lecho de Júpiter y Juno y luego los de los demás dioses según su jerarquía. 

Corrió el néctar servido a todos por el dios Baco. Bueno, no a todos. A Júpiter le servía sólo Ganímedes, aquel hermosísimo jovencito raptado para ser su copero de día y para otros servicios más privados por la noche…

“Festín de boda de Cupido y Psique” (detalle), pintura al fresco del manierista Giulio Romano realizada en 1532 en el Palazzo del Te de Mantua (Italia). Psique sostiene en brazos a su hija Voluptuosidad. Al fondo el dios Pan.


El banquete fue espléndido. Vulcano preparó la comida en sus hornos; las Horas tendieron una alfombra de rosas y otras flores; las Gracias derramaron bálsamos y las Musas hicieron oír sus armoniosas voces. 
Apolo entonó una hermosa canción con su cítara. Era tan bella que Venus olvidó sus rencores y a sus cadenciosos acordes ejecutó las más hermosas danzas, unas danzas excitantes, más embriagadoras que el mejor de los vinos, que sólo la diosa de la belleza y el amor era capaz de ejecutar. Las Musas se unieron a Apolo y cantaron el coro mientras un Sátiro tocaba la flauta y un discípulo de Pan tocaba el caramillo. “De este modo y con tal ceremonia pasó Psiquis, jurídicamente, a la potestad de Cupido.” 

Según Apuleyo a los nueve meses tuvieron una niña. Un embarazo muy largo teniendo en cuenta que Psique ya estaba embarazada antes de separarse de Eros y después había pasado por muchas peripecias. Pero como estamos hablando de dioses, todo es posible.

Y por cierto, a la niña le pusieron por nombre Voluptuosidad. Si buscas el significado de esta palabra en un diccionario encontraras algo parecido a esto: “Incitación o satisfacción de los placeres de los sentidos, especialmente el sexual.” 
Un buen nombre para la nieta de Venus, creadora de todas las técnicas amatorias. Y para la hija de Eros, el dios que hería con sus flechas de amor a dioses y humanos, a bestias y a centauros, faunos, sátiros, sirenas… 
Nadie en la tierra, en el cielo o en el Hades puede sustraerse a los encantos del amor… Es una dulce derrota sucumbir a sus inmensos placeres y caer en manos de Voluptuosidad…

lunes, 22 de julio de 2013

El mito de Meleagro, Atalanta y el jabalí de Calidón o el peligro del amor a primera vista.



Francisco Amillo



Meleagro y Atalanta, de Jacob Jordaens, 1618.  Óleo sobre lienzo 152 cm × 120 cm. Museo Real de Bellas Artes de Amberes. Atalanta es representada como amazona con un pecho cubierto y el otro descubierto.

Siguiendo con los mitos clásicos que explican el amor y su naturaleza hoy os propongo detenernos en el de un hombre, Meleagro, que se enamoró a primera vista de la hermosísima Atalanta y ese amor tuvo consecuencias terribles. 
Ya sabéis que todos los mitos griegos encerraban algunas enseñanzas morales, una moraleja. Una de ellas es que transgredir las normas sociales se paga, incluso con la vida… Otra vez la tragedia del amor, fuente de inspiración para tantas obras literarias y artísticas.
La caza del jabalí de Calidón. Sarcófago romano de mármol hallado en Vicovaro. Palazzo dei Conservatori (Roma). En el centro Meleagro con su lanza y Atalanta con su arco. Este mito, alusivo a la muerte de Meleagro, fue un tema muy representado en los sarcófagos romanos.



Los antiguos griegos situaban el mito de Meleagro y Atalanta en un tiempo primigenio, poblado de dioses, semidioses y héroes. En este mito aparecen muchos de ellos por lo que varias  ciudades-estado griegas quisieron  pensar que hacía referencia a sus antepasados y fundadores. Porque ser descendiente de un semidiós o un héroe daba mucho prestigio…  Por eso el de Meleagro y Atalanta fue un mito muy conocido en el mundo clásico.

Como fue un relato muy popular lo conocemos por numerosas fuentes escritas, que a menudo ofrecen aspectos diferentes e incluso contradictorios. Yo he seguido sobre todo “La Biblioteca mitológica” un libro del siglo I o del II d. C. que recopilaba la mitología griega tradicional, desde los orígenes del universo hasta la Guerra de Troya. También he utilizado a Ovidio en sus “Metamorfosis”, que recogió otra parte de la narración, y a Esquilo que aludió a este mito. 
Pero no hay que olvidar que estas obras son recopilaciones muy  tardías y que las historias que cuentan, entre ellas la que hoy comentamos,  habían circulado de forma oral durante siglos. Además ya habían sido tratadas por otros autores como Homero y Hesíodo. Así que si encontráis un relato con detalles distintos al mío, eso es normal; todo depende de la fuente literaria que se utilice. 
El resultado que os presento es una mezcla personal de varias de esas versiones, que difiere de otras pero que no ha inventado nada (salvo algunos comentarios que enseguida identificaréis).  


Meleagro y el Jabalí de Calidón. Copia romana de un original del gran escultor  griego SCOPAS (420 - 350 a.C.). Museo Pio-Clementino, Roma. 



Detalle de otra copia romana de la escultura de Meleagro realizada por Scopas. En este caso se trata de un busto y se conserva en el British Museum. La mirada triste del protagonista refleja el trágico destino que le aguardaba tras cazar el jabalí con Atalanta.


 Empecemos por presentar a los protagonistas.  Meleagro era un príncipe, hijo de Eneo y de su esposa Altea, la hermana de Leda (a quien Zeus sedujo en forma de cisne). Eran los reyes de Calidón o Calidonia, una ciudad-estado de la antigua Grecia situada al norte del Golfo de Corinto, en la región de Etolia. 
Cuando nació Meleagro las Moiras (o Parcas en latín), acudieron a la fiesta y predijeron tres cosas:
1. Que sería tan bueno como su padre.
2. Que sería un héroe famoso en toda Grecia.
3. Que su vida duraría tanto como el tronco que estaba ardiendo en el hogar. Altea se apresuró a quitarlo del fuego, lo apagó y lo puso a buen recaudo.

Pasaron los años y Meleagro se convirtió en un joven hermoso y bueno porque en Grecia ambas cosas, belleza y virtud, debían ir unidas. Además fue valiente y participó en la expedición de Jasón y los Argonautas.  
Pero un aciago día su padre el rey Eneo tuvo un despiste y olvidó citar a la diosa Artemisa o Artemis en los rituales de ofrendas del final de la cosecha. Otros dicen que no le ofreció los sacrificios acostumbrados. Había ofrecido trigo a Demeter, vino a Dionisos y aceite a Atenea pero se olvidó de ella.  El caso es que como buena diosa griega Artemisa era muy sensible con su honor  y terriblemente rencorosa, así que su enfado fue descomunal. Y también su venganza…


Dos visiones, frontal y lateral, de la escultura "Atalanta y Meleagro con el jabalí de Calidonia" de Francesco Mosca, denominado Il Moschino (1564-1565) Nelson-Atkins Museum of Art

Envió a la ciudad de Calidón el jabalí más grande y fiero que imaginarse pueda: se decía que sus colmillos eran como puñales y el estruendo de su respiración resonaba en todos los bosques. Y la fiera devastó el país. Las tierras de cultivo y los viñedos estaban siendo arrasadas y los rebaños destrozados, obligando a los pastores y a los campesinos a refugiarse dentro de las murallas de la ciudad, donde la amenaza del hambre planeaba sobre todos. Algunos ciudadanos desesperados intentaron capturar al devastador jabalí. Pero éste, enorme e inteligente, se burló de ellos e incluso mató a algunos.


Atalanta y Meleagro de Pedro Pablo Rubens. Metropolitan Museum of Art, New York. También aquí aparece representada Atalanta con el pecho derecho cubierto y el izquierdo descubierto como si fuera una de las amazonas. 

El rey Eneo no tuvo más remedio que intervenir. Se le ocurrió enviar mensajeros a todas las ciudades griegas convocando a los mejores cazadores. Como vivían en un mundo de héroes y semidioses no se les podía pagar con dinero, el vil metal, sino con algo mucho mejor: la gloria. La posteridad recordaría para siempre al ganador y los rapsodas cantarían su hazaña en todos los confines de la Hélade. Como símbolo de tal honor el que matase al jabalí se llevaría la piel y los colmillos como premio. 
Queda claro que para el tesoro real se trataba de una operación muy barata. Ya podían tomar ejemplo los políticos actuales: menos gasto público y más honor e imaginación…


Cerámica griega de pinturas negras sobre fondo rojo. En el centro el jabalí de tamaño descomunal, a la izquierda Meleagro y a la derecha Atalanta con casco y arco.

Bueno, pues aunque a nosotros nos parezca increíble, acudieron a la convocatoria muchísimos valientes. Entre ellos estaban los hermanos de Altea y tíos de Meleagro y el propio Meleagro, junto con sus primos Castor y Polux y algunos de los argonautas que habían participado en la expedición del vellocino de oro. 

Pero entre tanto héroe acudió un personaje inusual: una mujer, la cazadora Atalanta, la “indomable”. 
La hermosa joven era  hija de  Atamante, rey de una ciudad de Beocia. Éste, que esperaba un varón, sintió una gran decepción tras su nacimiento y la abandonó en el bosque. Allí fue amamantada por Artemisa o Diana, que para ello había tenido que transformarse en osa, no me preguntéis por qué. En el monte se crió como cazadora, siendo experta en la carrera y el uso del arco. Así que fue un calco exacto de su nodriza y protectora, a la que también se la conoce en la mitología como Diana Cazadora. 

Artemisa envió a la joven a la cacería porque sabía que su presencia sería una fuente de conflictos. Como diosa conocía perfectamente los sentimientos ocultos en el corazón de los hombres. Éstos son buenos compañeros y muy leales hasta que se pone por medio una mujer. Entonces las disputas están servidas y entre rudos cazadores se resuelven con la violencia física.

Al darse cuenta los cazadores que entre ellos había una mujer, se ofendieron. Bueno, no todos: Meleagro, a pesar de estar casado, quedó prendado de ella nada más verla. Empezó a hablar en su favor y acabó por convencerlos a todos, que aceptaron a regañadientes que se uniera al grupo.



Grabado de Giulio Romano sobre el tema de Meleagro y Atalanta. Arriba cupido lanza sus flechas sobre Meleagro. Abajo la cacería.


Empezó la cacería y la primera que vio al jabalí fue Atalanta que le disparó una flecha. El proyectil se clavó en el animal pero fue una herida leve que no le impidió seguir corriendo con todas sus fuerzas. El segundo en verlo fue Meleagro, que hirió al jabalí con su lanza y cuando cayó al suelo lo remató clavándole la espada hasta la empuñadura.

Los problemas surgieron a la hora de entregar el premio. Los cazadores querían que se lo llevase Meleagro porque lo había matado. Pero Meleagro, cegado por el amor, no veía las cosas de esa manera. Decía que la flecha de Atalanta había derramado la primera sangre y por eso el honor debía ser para ella. 
Los tíos de Meleagro fueron los que más se enfadaron ya que querían que el premio se quedase en la familia. Le dijeron palabras muy gruesas, afirmando que lo que quería era conseguir los favores de Atalanta y que por eso estaba dispuesto a perder gloria y honor. Meleagro se enfadó tanto que en un arrebato de ira los mató. Enseguida se arrepintió de haberlo hecho pero se quedó con el trofeo.


 Atalanta y Meleagro de Pedro Pablo Rubens. Como en otros cuadros de este autor el tema mitológico es sólo un pretexto para introducir un paisaje, el verdadero protagonista.

Cuando llegaron las noticias a la ciudad, Altea se enteró que su hijo había causado la muerte de sus hermanos. En un arrebato de cólera sacó el tronco que tenía escondido y lo arrojó al fuego. Esta es la versión que da Esquilo en su obra Coéforas: “Sépalo todo aquel que no deja que vuele su mente. Que conozca la maquinación que meditó una mujer que mató a su hijo: la miserable hija de Testio quemó, prendiéndole fuego, el rojo tizón que tenía la misma edad que su hijo desde que lloró, cuando hubo salido de su madre y con él compartía la duración de la vida hasta el día fijado por la Moira.” 

Meleagro llegó al poco rato a la ciudad portando sus trofeos y recibiendo las aclamaciones de las gentes. Pero poco después, al consumirse el tronco, caía muerto. Altea, que se había emocionado al ver a su hijo aclamado como vencedor, se dio cuenta que ella era responsable de su muerte y se suicidó. 


Meleagro muerto. A la derecha Altea llorando. Relieve romano en mármol del siglo II d.C  conservada en el Louvre. Bajo el lecho fúnebre los elementos de la caza: un perro, casco y escudo y la cabeza del jabalí.

Como veis, una auténtica tragedia griega que parece un triste final… Pero aunque dramático, no es el final, no acaba aquí la historia.

Atalanta salió físicamente ilesa aunque dolida porque al final se había quedado sin trofeo. Volvió al bosque y continuó su vida de cazadora, sin querer saber nada de los hombres, ni de matrimonio, ni de hijos. Sólo de caza y de vida libre, odiando someterse a un varón.

Pero su felicidad duró poco. Su padre, al ver que se había hecho famosa, quiso contratar un matrimonio ventajoso para él. Atalanta no podía negarse pero puso una condición: se casaría con el hombre que la ganara en una carrera, pero si perdía lo mataría. Ambos correrían desnudos, como era usual en las competiciones atléticas, pero el hombre iría desarmado y Atalanta llevaría una lanza para matarlo si ella ganaba. Estaba claro que tenía mucha prisa por seguir disfrutando de su libertad.


Atalanta, escultura en mármol de Pierre Lepautre (1703-1705). La representa corriendo llevando en su mano izquierda una lanza de la que sólo se ve un fragmento. Composición en líneas oblicuas que producen la sensación de carrera.

Los muchos pretendientes que tenía Atalanta se hicieron atrás al oír estas condiciones.  Pero no todos y esos lo pagaron con su vida porque nadie podía vencerla en la carrera a pesar de que les solía dar ventaja. Hasta que un  día fue desafiada por Hipómenes que se atrevió a competir porque gozaba de la protección de Afrodita, o Venus. La diosa le regaló tres manzanas de oro y durante la carrera, cuando Atalanta estaba a punto de alcanzarle, tiró al suelo una de ellas. La joven, llena de curiosidad, se paró a recogerla y mirarla lo que dio ventaja a Hipómenes. Por poco tiempo, porque Atalanta ya le alcanzaba otra vez y tiró la segunda manzana que la joven también recogió. Y cerca de la meta tiró la tercera con lo que Hipómenes venció, salvó su vida y por matrimonio se convirtió en el heredero del reino de Atamante.


La carrera de Atalante e Hipómenes según el pintor barroco italiano Guido Reni. El movimiento de las figuras, resuelto en grandes diagonales, es barroco pero la idealización de las figuras y su colorido es renacentista. Estamos ante un barroco que intentaba unir lo moderno con lo pasado: es el barroco clasicista.

También podría haber acabado aquí la historia y decir eso de “y se casaron y vivieron felices…” pero no, los relatos no acababan así en la antigua Grecia. 

Tenemos dos versiones del final. La primera dice que eran un matrimonio feliz que pasaban el tiempo recorriendo los bosques y cazando juntos. Un día, cansados tras una jornada de caza, reposaron en un santuario de Zeus y practicaron allí las artes de Afrodita. El rey de los dioses se enfadó ante tamaño sacrilegio y los convirtió en una pareja de leones. Según  creencia griega los leones no se emparejaban entre sí sino con los leopardos y por tanto los condenaba a castidad perpetua. 

El segundo final es más prosaico: Hipómenes, despistado como todos los hombres, se olvidó de agradecer a Afrodita su victoria. Y ya sabéis cómo se las gastaban las diosas despechadas por un quítame allá una acción de gracias. Convirtió a los dos jóvenes en una pareja de leones y los enganchó al carro de Cibeles del que tiran por toda la eternidad.




Así que cuando veas la madrileña estatua de Cibeles aprenderás cómo acaban las mujeres que no aceptan su destino y los maridos despistados, dos cosas que ofendían mucho a unas diosas de muy mal genio que imponían castigos ejemplares.